Tuesday, November 27, 2018

La embajada de Damastes.

La embajada de Damastes

Hoy han descuartizado a un hombre.
No era inocente,
pero tampoco culpable.

¿En qué pedazo han encontrado los verdugos
la venganza,
la redención,
la justicia,
o la sed saciada?

Hay hombres que son península de terror.

Ellos no descansan
y el mal es aleación sin brillo
con cada porción de su ser.

Damastes sigue vivo
y hoy descuartizó a Teseo.

El mal les hace inescrutables
al bisturí del taxidermista.

Todo ocurre en una ciudad
alejada de Chicago
en mi siglo
alejados de la mitología
y enterrados en una realidad cruel
donde el Minotauro pace imperturbable,
entre cadáveres vestales.

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)



Para entonces

Para entonces

Miro en este calendario las anotaciones
del último mes, y parece
un tiempo feliz,
lleno de anécdotas y belleza.

Los motivos para celebrar son tantos,
que sólo cabe admitir que la tristeza
anida en mí, no en el pesaroso mundo
que me observa

con mis ojos
taciturnos.


(Álvaro Hernando, en Chicago Express)


Sunday, November 25, 2018

Desde el hospital Centegra

Desde el hospital Centegra

Yo vuelvo muerto.

Querido hijo, yo ya vuelvo muerto.
He terminado por entender la enfermedad,
abrazándola,
y al tiempo, innegociable,
y he perdonando a los muertos,
y a los supervivientes,
y a los que no saben
si arden de juventud o están ya secos.

Hay que comprender que la muerte no es más
que la causa de una ausencia. Sin tristezas.

Vengo dado de la mano de la falta,
de la carencia, de la desesperanza y
con la garganta suave
puedo susurrar toda la belleza,
los recuerdos de una vida
y la serenidad del que ya sabe.

Porque yo ya lo sé.
No es malo volver ya muerto.
Uno vuelve envuelto en la certeza,
en la tranquilidad de quien no aturde
los días con excusas.
Uno ya se envuelve en el abrazo
de su padre muerto.

Muchos van, inertes, y no dicen el aire.
No hablan a quienes aman.
No reconocen a los que les esperan,
ni saben que sus nombres
ya son restos
con voz quebrada,
ya reflejo,
desde el agua bautismal,
o desde las manos, las caricias y las nanas,
desde la sed del pecado
desde la redención que nos duerme dentro.

Leo la vida en las fotografías,
en los pequeños objetos, los talismanes
y las cartas de amor,
en las postales, las tarjetas de felicitación,
y hasta en las esquelas y las lápidas.
Me cuentan también sus historias los que me preceden
y los que me seguirán,
desde sus retratos en las casas vacías y desde
sus camas de hospital, sus trincheras,
sus prótesis herrumbrosas,
desde sus miedos
mientras están lejos.

¿Por qué entonces lamentarse al regresar
hecho un cadáver convencido,
desbordantes las palabras justas, afiladas,
ciertas, sin preguntas huérfanas?

Yo ya no.
Yo vuelvo muerto, bajo una bandera,
acribillado a excusas disparadas a quemar piel.
Vuelvo en un sarcófago de metal transparente,
abrazado a tu nombre.
Querido hijo, yo ya vuelvo muerto.
No estés triste.
Vengo envuelto en certeza,
como tenía al mirarte
al instante de tu parto.

Mi mediocre incertidumbre,
mi latido discontinuo,
tiene vida,
todo,
gracias a ti.


(Álvaro Hernando, Chicago Express)




Woodstock, Illinois. 25 de noviembre de 2018.

Friday, November 23, 2018

El primer mito

El primer mito

Puedo escribir seis Biblias,
un Testamento Antiguo
y un Apocalipsis nuevo.

Eso no se dice,
eso no se toca,
eso no se hace,
eso no se come,
eso no se dobla,
eso no se vive,
eso no se tose.

Si me dejas el tiempo de convertir la tinta en aire
y aprendes a leer del blanco entre todo lo negro,
puedo darte los Nuevos Mandamientos:
eso no se guarda,
eso no se rompe,
eso no se salva,
eso no se aferra,
eso no se espera,
eso no se besa,
eso no se acaba,
eso no se mueve,
eso no reluce,
eso no se muere,
eso no renace.

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)

Puro gris

Por puro gris

Por puro gris

No bebo de ti.
No te hablo.

No sirvo a un siervo.

Soy la muerte anticipada
de una esclavitud
por puro gris.

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)

Un pecado

Un pecado

No toques, 
no pongas tus dedos en la piel oscura. 

Está prohibido. 

Eso es carne. 

Pega tus dólares a su brillantina, 
al tanga, a la zona más sucia y casi al sexo, 
al sudor meloso. 

Ella puede tocarte, no tú a ella. 
Eso es un límite quebrado, 
una libertad robada, 
un exceso sin paso, 

un pecado. 

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)

Alcohol

Alcohol

Hay un cuerpo esculpido
con manos mudas,
atadas,
rígidas.

Hay mucha maravilla en las formas imperfectas
y, para toda interpelación,
una sola respuesta a tanta pregunta sagrada:
alcohol y muerte.

Sin sentido del beber,
sin sentido del deber,
sin aceptación:
alcohol y muerte.



(Álvaro Hernando, en Chicago Express)

Luces

Luces

Las luces son anuncio de la muerte,
de la oscuridad que esconden.

Los silencios anticipan al grito,
y la suciedad al agua pura.

Así funciona el nacer de una estrella,
dentro de un ojo que hoy es ciego,
pero mañana un color con forma de pregunta.

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)

Ébano

Ébano

Mármol negro que me niega la marca inicial.

Cuando el cincel se acerca
lo hace con la vibración anticipada del martillo,
la mella que hollará el horizonte.

Nada se mueve cuando mi mano,
tajadera afilada,
se encuentra con su piel negra,
pura,
indestructible,
incapaz de amar.

Nada se mueve,
dejándose atravesar de amor
del que no marca.

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)

Casa

Casa

Los poetas somos gente pobre.

En Wisconsin, las prostitutas nos pagan
el Malört.

Son las reglas de la casa.

Es néctar dentro del veneno
y del mismo Sol:
la muerte castrada,
desdentada,
femenina y canalla.

Compartimos todos la casa en ruinas.

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)

La muerte, la cama.

La muerte, la cama.

Estuve un tiempo en trance,
en la cama de un hogar con olor a hospital
en el que los doctores caminan desnudos
y las luces no dejan ver el horizonte;
sumergido en pensamientos llenos de esdrújulas,
imposibles de unir en algún rumbo
unos con otros con sentido.

Me acosté junto a un cuerpo extraño.
Me abrazaba, me quería.
Su abrazo tibio me hablaba de amor,
de aceptación y de tiempo quieto.
Su voz, “¿Quién eres?”, “Soy tú.”
Yo preguntaba su nombre,
ella me calentaba la cama.

Me levanté a fumar un aire que me faltaba
y ardió
dentro de la cabeza de un alfiler
que se me clavó en un pulmón.
Volví a la cama.

Ella no estaba. Su calor sí.

Yo sabía que ella era la muerte
y que siempre estuve en ella: “Vuelve a la cama”.
Morir es cada día desde entonces.

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)

Siete hombres

Siete hombres.

Hay siete hombres con las manos sucias de arena
sentados frente a La Luz
implorando que el milagro se haga dólar con sudor
y la mezcla se diluya en la mezcla.

Son cien hombres ahora,
rezándole a la madera de una barra,
cantando salmos dentro de un laberinto,
al borde de un acantilado,
sordos al romper del mar viejo,
disfrutando de la marea fuerte que ya no está.

Se aferran, todos, a la madera.
en un remar desacompasado.

Todos ven el lugar donde la quilla
se quiebra contra las rocas.

Todos mueren de espera en la búsqueda del cántico
que les lleve a la sirena.

Todos mueren de aburrimiento.

Es denigrante la muerte, cuando llega dólar a dólar,
mezcla de arena y esencias de recién nacido.

Hay siete hombre que limpian la arena de sus manos
en la piel de una mujer
que suda danza.


(Álvaro Hernando. En Chicago Express)

Monday, November 19, 2018

La reunión

La reunión




Kavafis,
              Karyotakis,
                                  el dolor
                                               y yo.



No conseguimos entendernos.





(Álvaro Hernando, en Chicago Express)





Sunday, November 18, 2018

Videopoema: Lágrimas en la lluvia. Un poema de Alfonso Brezmes.

All those moments will be lost in time
like tears in rain...”

Blade Runner


LÁGRIMAS EN LA LLUVIA


Dijo que no lo hacía tan mal, 
después de todo, que mi voz
tenía el timbre metálico y lejano
de aquellos teléfonos de antes, 
y que algo en mí le recordaba
vagamente al mundo de los vivos, 
como esas ciudades sumergidas
que nunca ha visto nadie,
y que en realidad sólo existen
en la memoria turbia de los ciegos. 


(Alfonso Brezmes)


Tuesday, November 13, 2018

Abandono

Abandono

Abandonar es un cálculo, una relación castrada entre probabilidades, generar un patrón de certeza más algebraico que comprensible.
¿Y qué si el universo nos presenta al abandono, desde el barro primigenio a la desconocida luz?
La aritmética de siempre se ha rendido al abandono, como lo hace un vestido azul a la puerta del sanatorio mental, como una inecuación cometida sin incógnitas, criminal y descarada.
No hay relatos épicos de abandono. Son de encuentro, normalmente, con la muerte.
El abandono se sale de todo estilo literario, de toda maldición, de una geometría sólida, para flotar en una pregunta líquida, sin posibilidad de disolverse.
La medida de esta densa reverberación es el tiempo que se tarda en dejar de echar en falta. Luego uno se deja al olvido, y ese es un abandono en el que  las cuentas cuadran.

Extravío

Extravío

Hay siempre un riesgo de perderse
en el reflejo mismo del mercurio, ante el espejo.
Justo donde uno sabe que está, no ahí dentro;
Uno se extravía en las pautas para no desorientarse,
en todo ritual de confirmación de la vida,
porque la identidad es saber reconocer
que uno no está en lo otro, en el otro.

¿Dónde se está?

No encontrarse es una suerte de proceso
de nacimiento en ciernes
o de muerte en vida.

A veces escarbo el suelo helado
porque sé que a un palmo bajo mis uñas
puedo encontrarme en lo que quise ser
muy apartado del camino que me dibujaron
en un mapa lleno de escalas cambiantes
y desproporcionados accidentes de un paisaje anodino
que no ayuda a desvanecerse
ni a encontrarse.



Álvaro Hernando

Derrota

Derrota.

Caminamos de la mano, con nuestro hijo, mostrándole que no todos los astros siguen existiendo, entre escombros de fachadas milenarias que pueden colapsar sobre nosotros.
Le mostramos qué es detrás, qué delante, qué antes y nunca después, cuándo agacharse y esquivar el péndulo afilado, cuándo agarrarse al clavo ardiente, cómo poner cara anónima, de desinterés e ingnorancia, como evitando el amor y, sin embargo, guardándolo en un pensamiento a punto de expresarse.

Le enseñamos cuándo precipitarse contra el cuello de la presa, cómo hundir los colmillos y hablar el lenguaje de la sangre, cómo ocultar el valor de nuestras víctimas, enterrándolas en el suelo helado del olvido. ¿Quién va a buscar en el extravío mismo?

Concentrados en la herencia de los pasos, trastabillamos, tropezamos y arrastramos al hijo en la caída. Es el apellido. Es la derrota.

Álvaro Hernando 

Tristeza

Tristeza

Reposar las manos en un vientre frío
componer una sinfonía de silencio sobre una página en blanco
en piel del árbol muerto,
y conformar una plabra nueva que explique el color negro
cuando todo alrededor es ruido de fuego
caricia de humo.

Empezar la frase por la condición,
enterrando a un palmo de la superficie
la constelación que rige las inecuaciones
que atan los sueños a los logros.

Da igual el resultado de la rima
pues siempre habrá que masticar sal.


Álvaro Hernando

Sunday, November 4, 2018

Vae victis: El cuento del poeta antropólogo.

El cuento del poeta antropólogo. 

Aquí la prostitution es delito y tienen muy claro cómo categorizar el negocio de la piel y el contacto para no tener que renunciar a ningún producto que pueda dar pasta.
Primero están las mujeres de pool, de barra. Atletas con cuerpos llenos de hebras, que te soban, quieras o no, a menos que digas que eres poeta, en cuyo caso te invitan a una copa y te dejan tranquilo. La gente, hombres puede que acompañados de sus novias o esposas, le coloca singles por todos lados: en la cinta del tanga, en las tetas o el culo, si la piel está mojada de sudor o de agua (suele haber una ducha en la zona de la barra). Si el hombre se coloca el billete en la oreja, la bailarina se lo retira mientras frota sus tetas contra la cara del palomo. Si lo hace una chica, la bailarina suele entretenerse más, porque sabe que por cada segundo invertido en sobar a una mujer le van a caer muchos más dólares de los salidos y excitados que la rodeamos. En jauría esperan que se les acerque. A cada uno le hará una cucamona. Si alguno le gusta especialmente, porque sea simpático, guapo o jovenzuelo, le girará la silla y convencerá para recostarse sobre la barra de madera que separa la zona sagrada de baile y la zona de los pardillos. Un par de dólares doblados sobre la nariz y la mujer baila abriéndose de piernas exageradamente, hasta quedarse en cuclillas, sacudiendo el culo y recogiendo, en una nastia, todo el dinero, como si fuera una planta carnívora haciéndose con la mosca de la que se nutrirá por meses. Después suele oírse algún comentario zafio entre risotadas explosivas, como “huele a gambas”, o “mi nariz está chorreando ahora”. Todos corean y la bailarina recoge los pavos sueltos por el suelo mientras la voz del tipo que parte caras anuncia que la belleza termina su espectáculo. Hay un momento aún más denigrante que la risa del borracho. Es cuando se juntan la bailarina que entra al nuevo número y la que gatea azorada por la pista, recogiendo la pasta arrugada que los salidos o borrachos hemos ido lanzándole. Una se centra en recoger la pasta a toda velocidad, afanada en atraparla antes de que salga volando, mientras que la otra mantiene una mirada perdida hueca en los ratoncitos-lobo que la rodean. Hay toda una liturgia que traza la respuesta de la bailarina, dependiendo del número de billetes que el cliente muestra o dónde se los coloque. Uno tiene la sensación de que ha hecho algo travieso al salir de uno de estos antros. Como si hubiera participado en una broma de mal gusto de la que se sale impune. 
Luego están las bailarinas exóticas. Si les gustas te sonríen. No se las puede tocar ni se les da pasta por contacto. Es raro ver alguna mujer entre la clientela. Bailar es un acto estético. Salomé y Dalila están en cada una de ellas. La gente no les tira pasta, pero les invita a copas de las que se sacan un porcentaje, o, lo que más pasta da, bailan en privado para uno o varios clientes. Que haya servicio sexual ya depende de cada quien, pero lo que sí es seguro es que aquí el cliente huele de cerca el perfume de la mujer. Si te fijas en los clientes, ves menos feria, más seriedad, más falta de esperanza. La travesura se ha convertido en una dominación más clara. Pero, ¿quién domina a quién? Me lo pregunto porque los clientes clavan la mirada lasciva y severa en los cuerpos, más atléticos que en el caso de las pool-dancers, como evaluando si la mujer ha alcanzado el objetivo de excitarles o no. Cuando se cansan es normal ver gestos mudos de desprecio, aunque sea en la mirada. Las bailarinas exóticas son más bellas, menos públicas, más altivas que las otras. Es curioso, porque a mí me pareció que con estas se follaba más. Un amigo americano me comentaba que así era, que era lógico, que allí había más dinero. Para las bailarinas de barra quedaban las mamadas en el aparcamiento. 

Por último están las putas, las scorts, las acompañantes que se mezclan en el ambiente del brazo de algún forrado o guapo. Son discretas y altivas. Saben que allí no van a hacer nada. El sexo es en hoteles o antros con más intimidad. A veces juegan a “cazar” a alguna bailarina en los privados. Una exótica me dijo que tenía que escribir un poema con la historia de su amiga Marby. La habían despedido por bailar en un privado mientras una puta se la chupaba a un cliente casado. Cruzó la línea. Eso no sólo era negocio: era pecado. Del pecado no dejan que se haga dinero.