Monday, October 2, 2017

El abismo.

Yo me inventé un abismo. Decidí cortar las cintas métricas que dictaban la cordura sobre mis saltos. Contener y estudiar el impuso, dibujar cada curva de ascenso y de caída en mi memoria. Me inventé un abismo. A mi abismo hay que hacerle el amor, separarlo de mis ausencias y alejarlo de las quebradas; y dejarlo al sol, que se caliente, que sequen esas sangres que de eterno lo horadan y tallan.
A mi abismo le quedan tan solo tres caídas. Tras ello perderá sus siete vidas de gato, y no habrá más vértigo. No sentirán la presion mis tripas, ni el mareo será la traducción perfecta a su coriolis borracha de incertidumbres.
Tengo un abismo al que beso cada noche, muchas tardes, segundos repetidos de minutos que marcharon. Es un agujero, una cicatriz, un brazo amputado que siempre pica en su extremo.
El abismo que tengo es un compañero predecible.
Tengo un abismo con muy pocas ganas de ser llano. Quiere ser torrente mudo en el pleno salto.
Yo escribí un abismo que me inventa, a cada caída, en un vuelo raso de palabras.
Hay que detener el tiempo, hay que parar el vuelo en seco, para entender a mi abismo. Para explicarlo hay que lanzarlo con rabia contra las ganas de uno mismo.

Un poema de Walt Whitman para los días de silencio.

Hay días en que no me sirve el silencio. Hay días en los que la impostura ejercida a modo de moralidad me produce miedo y asco. Para esos días, para los del silencio, estamos "los poetas vivos", para recordarte que nos guían los poetas muertos.

Un poema de Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.
Un poema de Walt Whitman