Sunday, July 26, 2015

Morder sin culpa

Morder sin culpa

Anduve fijándome en la luna,
en esa plateada cuna que de espejo refleja
besos aturdidos, solitarios,
en la que lo único que hay orientado
es mi mirada, y tu mirada.

Todo lo demás fue locura y distancia.
Mi camino se desciñó a las estrellas,
navegó  por las gotas, esparcidas por tu piel,
por mapas con deseos y ausencias trazados,
deambulado con los ojos, siempre con los ojos,
a pasitos de bailarina, como ligeros
pinceles de refinada ilustradora
que repasa una y otra vez con impalpable tinta
esa obra, que es la ralentizada caricia,
en filigrana por eterno inacabada.

Descubrí entonces esa emboscada dulce
ese acariciar la seda deseada,
ese correr tras de los autos y las bicicletas
ladrándoles lo mucho que me alteran
y un mirar su huída como mi triunfo.

Vi ya tu sombra hacerse pequeña
acunada tu sonrisa en el cabrilleo de tu estanque
en la diáfana oscuridad de nuestras noches,
toda tú entera envuelta en diamantes minúsculos de cristal
que a la carrera se perdían, persiguiendo tus escalofríos.
Esas pequeñas gotas, a punto de estallar
contienen el eco de los besos nunca dados
hilados en una coreografía perfecta
entreverados los pasos, repiqueteado ritmo,
retumbando en mi mente de cachorro impaciente.

Y ese pequeño beato que hay en mí te regaló sus preces
en un imperecedero instante de absoluta fe en tus ojos.
Y me permití morder la luna,
acariciando mis labios secos tu piel de plata,
dejé que tu sabor eterno se fundiera en nuestros paladares.


Thursday, July 23, 2015

No.

No saber, no ver, no sentir.
No ser.
No sentir, no estar, no oler.
No hablar.
No tener, no saltar, no beber.
No al amar.
No llegar, no perder, no andar.
No esperar.
No poder, no sufrir, no entender.
No vivir.
No, por encima de todo, no querer.

Monday, July 20, 2015

Entrega tu vida

Entrega tu vida

Debo, de entre todas la cosas soñadas por el hombre,
sentirme afortunado por perdelo;
porque mi tiempo de felicidad está pasado.
Y eso está reservado en propiedad
a los que tocarán con su sangre y alma
la tierra firme e invisible del mañana,
sobre la que crecerán sus vástagos
de justicia, rectos, y de sueños plenos.
Y entonces, de ellos será, la felicidad
y, nuestra, la anónima y eterna recompensa.
Ésos, que no abandonan en un hoy de miseria
la frágil mentira del ufano mañana sin lucha,
son los que morirán haciéndose preguntas
que contesten por qué
sus hijos
viven arrodillados
en un fango maloliente
húmedo y nutrido
por la sangre de los inocentes.
Entrega entera tu savia a la más cruel
dolorosa y humillante de las muertes,
si en dulce despertar en el barco de Caronte,
regada en milagros y esperanzas
te sorprende la cosecha que sembraste,
y lo descubres,
y encuentras que has regalado el futuro a vida y viento
a los descendientes de la libertad. A ellos.
A ellos frente a ésos,
quienes de otra manera, inmisericordes,
nos arrancarían, con los dientes,
rebosantes de desprecio,
cualquier oportunidad vana
de un mundo justo
antes de la muerte.
Nuestros hermanos,
los voraces lobos hombre,
de las manos nos arrancarán,
con los dientes, de desprecio jironados
hasta la música silenciosa de las estrellas.

Álvaro Hernando

Sunday, July 19, 2015

De nuevo, un poema recuperado: El cuello en un beso.

Hoy recordé algo escrito hace ya mucho tiempo. Una eternidad que no deja de ser presente.

El cuello en un beso.
¿Es la seda o es la piel?
Cómo puede saber a mar el carmín que rodea esa sonrisa.
Ese carmín invisible,
ese cuello fino y largo,
solo marcado por una flecha de pelo,
mechón apuntado en la nuca.
Una sonrisa eterna que es nueva,
que ilumina y trae infancia a la decepción de la experiencia.
Cuando las cosas alrededor son frías,
confío mis cálidos miedos a esa piel,
llena de vida en un irrompible, largo y fino cuello.
A veces un atril,
que separa el corazón pausado
de los calambres que bailan por ser ideas.
Son, cada latido, como hermanos de otro tal pensamiento,
como sólidos pies sobre los que saltan notas bailarinas de una sinfonía vivaz…
se apoyan, impulsan y hacen volar anhelos.
Es el lugar de mis besos.
Los que no puedo dar.
Los que buscar lejos,
porque no les vuela mi vehemente deseo,
los escalofríos que te adornarían en lugar de ese pañuelo.
La seda, su seda, es mal compañera comparada con mi aliento.
¡Cómo puede hacer tanto frío lejos de ahí!
Como puede caber todo en un solo cielo,
como cabe tu cuello en un beso.

(Álvaro Hernando)

Saturday, July 18, 2015

Calle Hayward con South desde mi ventana

Calle Hayward con South desde mi ventana


Las castañuelas verdes chocan en onda de ida y vuelta
verdes como es gris la sombra que proyectan.
Los gorriones
en locos giros de intenciones
trazan líneas de seda entre sus ruidos y los del viento.

Se empeña el sol en darle un tono gris a todo aquél que no le dé la cara
haciendo humo de las húmedas fantasías
que se evaporan
entre hadas y cuentos para adolescentes
que arrastran sus pies hacia el agua tibia de verano.

Ni una corriente fresca se atreve a mirarnos a la cara
ni tan siquiera a prometernos amor eterno de a media noche y poco más.
Es tal el sopor y el aburrimiento que creamos fantasías
como que el tiempo corre
como que estamos juntos
como que nos amamos
como que nunca morirá en ti mi recuerdo.
Las castañuelas verdes siguen con su melodía,
hacen olvidar que el silencio es una pesada esperanza,
ligeros los pies que tienen por ramas
pues bailan como pequeños diablos entre las copas del árbol que me da tu sombra.

Thursday, July 2, 2015

Noray

Noray


No aguanto el verte sin sonrisa
mi barco entero cruje ardiéndole el casco por el agua
si no me ilumina el rumbo tu alegría;
camino a tu felicidad mi destino pronto
o a mi entera desgracia en el abismo quieto de tu lágrima
un golpe de rumbo de tu existencia dependiente
siempre buscando noray donde a ti amarrarme.
Este mar cálido entibia mis desesperados intentos de olvidarme de ti
de tu rumbo
del brillo de tu estela.
Mi orza que te encuentre o toque fondo
ese es el destino del único navío que navega por tus mares
Ítaca en el horizonte  
el Estigia en el recuerdo
y tu pleamar amaneciéndome en susurros. 
Tú eres mi mar perdido. 

Hernando