Sunday, April 20, 2014

Ser mar

Ser mar.

Hoy vivo en el mar.
Ese pleno de corrientes que nada dicen y todo cuentan.
Este mar con mensajes en botella,
prestados de sueños de secano y trigo,
iluminados y cuarteados de sombra,
de falsas luces preñado, en candiles de barcos,
y pieles mojadas de sal y sudadas en viento,
curtidas por el recuerdo, el deseo, el beso.
Hoy me vivo en el mar.
Me mudo al agua que me cuida y me calma.
Me parto y parto, parir de ideas y de llantos,
regalo olas de espuma, verdes de mar lejano,
pura en la mano la arena suspendida entre sus lados.
Porque la ola, como el mar que te regalo,
tiene inicio y tiene fines, lugares, llanos.
Tiene fronteras y vanos, vacíos y lagos.
La boca escupe cangrejos y grifos,
y el pelo al alga se ata,
como al anzuelo muerto el abadejo salado.
Hoy necesito ser mar,
hoy necesito la brisa, el olor puro y remezclado,
la suerte de ventearme, con la mano de tu mano.
Entrelazando frío, luz, aroma, en endiablado tango.
Cazando y matando bestias, pequeñas o grandes,
sucias, todas negras, todas blancas,
todas limpias y de esperanza llenas.
Criaturas también encinta, de sus bellos bastardos.
Mecido en el verte e irte, pescando fuera del bosque,
volando a ras de su sombra, el despistado dango.
Hoy soy mar.
Soy calmo, duro, eterno
y manso.
Seré encendido en tempestad,
fuerza descontrolada y vida,
a ritmo descompasado. Es la marea preñada.
Eres tú,
pisando un charco.

(Álvaro Hernando)

Tuesday, April 15, 2014

Ya de sombra

Ya de sombra 

Despeja del frío tus ojos
compartiendo, blanco, el grito
opaco y sucio de hielo
con la boca esculpida, labrada
por las grietas del recuerdo.

Ya de sombra tu mirada viste,
ingeniería invernal, oxidada,
como de negro recuerdo.

Crepita al paso la manta,
espejo vacío, hueco,
para una sombra engastada,
vidrios quebrándose en eco.

Ya de nombres tu olvido se viste,
presto a enhebrar la sangre en la vena,
la vida no espera, se excusa...

Cérea y vívida mueca
devuelta desde tu exilio
pie tras pie desgranándome
los deseos y vacíos.

Semillas estériles lanzo
entre sal, surcos de roca
de la que mata el verso.

Un invierno de menos

Un invierno de menos

Cuatro primaveras de más,
sonrisa cálida y olor de sangre
de la mano me llevan,
susurrándome cantos de mirlo y gritos de agua,
silencio entre lavandas.
De la mano me lleva.
Me traiciona este invierno,
una vez, y otra, desesperado.

Tres primaveras de más,
con llanto de bebé, dolor de parto,
del cuello cuelgan en pétalos, recuerdos,
de niño, sarmiento y ascuas,
juego, vestido de launas.
De la mano me lleva.
Sí. Hasta el invierno teme.
Duda, retrocede.

Dos primaveras de más,
piensa que soñaré arena y orín,
y se equivoca.
Bebo colores y duendes, como motivos de amarte.
Piensa este invierno crudo que a mí podrá enterrarme
en mis miedos y soledades.
De la mano me lleva.
Luna roja y noche blanca,
hoy tiempo de necedades.

Una primavera de más,
llamando a tu puerta, invierno.
Muere de envidia esa imagen
congelada entre los hielos, no poder tocar mis labios,
no beber sorda entre ecos, las aguas sedientas y libres...
del verano de los tiempos.
De la mano me lleva.
Leo en mis ojos, reflejo helado,
por viento blanco inesperado.

Escúchame y grita al viento:
“¡Música para tus miedos, esperanza en tus recuerdos!”

Por mucho invierno de más,
más primavera yo tengo.
De la mano me lleva, a buen paso, hasta el final de tu invierno. 

(Para quien mantiene vivo este invierno,
para quien busca entre alientos de calor
helar colores en grises y blancos.)