Tuesday, November 13, 2018

Abandono

Abandono

Abandonar es un cálculo, una relación castrada entre probabilidades, generar un patrón de certeza más algebraico que comprensible.
¿Y qué si el universo nos presenta al abandono, desde el barro primigenio a la desconocida luz?
La aritmética de siempre se ha rendido al abandono, como lo hace un vestido azul a la puerta del sanatorio mental, como una inecuación cometida sin incógnitas, criminal y descarada.
No hay relatos épicos de abandono. Son de encuentro, normalmente, con la muerte.
El abandono se sale de todo estilo literario, de toda maldición, de una geometría sólida, para flotar en una pregunta líquida, sin posibilidad de disolverse.
La medida de esta densa reverberación es el tiempo que se tarda en dejar de echar en falta. Luego uno se deja al olvido, y ese es un abandono en el que  las cuentas cuadran.

Extravío

Extravío

Hay siempre un riesgo de perderse
en el reflejo mismo del mercurio, ante el espejo.
Justo donde uno sabe que está, no ahí dentro;
Uno se extravía en las pautas para no desorientarse,
en todo ritual de confirmación de la vida,
porque la identidad es saber reconocer
que uno no está en lo otro, en el otro.

¿Dónde se está?

No encontrarse es una suerte de proceso
de nacimiento en ciernes
o de muerte en vida.

A veces escarbo el suelo helado
porque sé que a un palmo bajo mis uñas
puedo encontrarme en lo que quise ser
muy apartado del camino que me dibujaron
en un mapa lleno de escalas cambiantes
y desproporcionados accidentes de un paisaje anodino
que no ayuda a desvanecerse
ni a encontrarse.



Álvaro Hernando

Derrota

Derrota.

Caminamos de la mano, con nuestro hijo, mostrándole que no todos los astros siguen existiendo, entre escombros de fachadas milenarias que pueden colapsar sobre nosotros.
Le mostramos qué es detrás, qué delante, qué antes y nunca después, cuándo agacharse y esquivar el péndulo afilado, cuándo agarrarse al clavo ardiente, cómo poner cara anónima, de desinterés e ingnorancia, como evitando el amor y, sin embargo, guardándolo en un pensamiento a punto de expresarse.

Le enseñamos cuándo precipitarse contra el cuello de la presa, cómo hundir los colmillos y hablar el lenguaje de la sangre, cómo ocultar el valor de nuestras víctimas, enterrándolas en el suelo helado del olvido. ¿Quién va a buscar en el extravío mismo?

Concentrados en la herencia de los pasos, trastabillamos, tropezamos y arrastramos al hijo en la caída. Es el apellido. Es la derrota.

Álvaro Hernando 

Tristeza

Tristeza

Reposar las manos en un vientre frío
componer una sinfonía de silencio sobre una página en blanco
en piel del árbol muerto,
y conformar una plabra nueva que explique el color negro
cuando todo alrededor es ruido de fuego
caricia de humo.

Empezar la frase por la condición,
enterrando a un palmo de la superficie
la constelación que rige las inecuaciones
que atan los sueños a los logros.

Da igual el resultado de la rima
pues siempre habrá que masticar sal.


Álvaro Hernando