Friday, April 1, 2016

Economía de niño

Economía de niño

Te he pedido que me abraces
tantas veces, con la voz pequeña
como de niño
que me acostumbré a la paga
casi semanal
de tu piel sobre mi piel.

He ahorrado tanto como he podido
y he juntado el capital necesario
para evitar hipotecar lo que sentimos;
en el momento del ahora
no necesitando créditos
de castillos, ni bancos en el aire.

Así pues somos libres
ambos y uno por otro
de querernos o no
y de liberarnos tanto de tus abrazos
como de mi finito capital;
y de tu capacidad de abrazar,
que ya es recuerdo.

Intentaré no perder la voz de niño
cuando ría o cuando llore;
así no habrá odios ni amores
de esos románticos y falsos
sino raspones y cicatrices
de los que atestiguan que,
cuando niños,
jugamos libres.


Álvaro Hernando

Zozobra (con audio: recitado)

Zozobra



En la zozobra, en el mar de piedra
con marejada o con la calma negra
se vienen a gritarte, los miedos,
que tienen mucho por delante;
y te dejas ir,
hundiendo los pies en la arena y roca,
porque no hay nada más conciliador
que elegir el momento en que ser piedra
                                                           con la piedra
y zozobra en el acto del naufragio.

Entonces los miedos quedan mudos
y sólo oímos el sonido pausado
-dulce caricia-
de lo que verdaderamente somos;
hombre sin fama frente al momento
en que no importa nuestro nombre
                                                       ni su nombre

y la ilusión de la luz toca tu invierno.


Zozobra, Ex-Clavo, Álvaro Hernando, 2016

El hijo desplazado

El hijo desplazado

Os hemos acompañado, nuestros hijos,
por caminos de piedra y barro,
pies descalzos o empapados
con el frío rasgándose
de frente
con nuestra esperanza.

Os hemos agarrado de la mano, nuestros hijos,
cuando las piernas os temblaban
y los pies sangraban               o apretaban
ateridos por la nieve
sin dejar de mirar
a los ojos de su futuro.

Hemos dejado atrás la guerra y su hambre
entre los espinos metálicos y los mordiscos del fuego
con sangre de los nuestros en la sombra, y
con su recuerdo, llorándonos,
cara a cara, los vemos
sonreír en el mañana.

Hemos enterrado a los hermanos,
vuestros y nuestros,
y saltado el abismo
con vosotros en los brazos, todos,
bajo el cielo anónimo
que brillará en las caras que hoy lloran.

Os hemos visto dormir plácidos, entre plásticos,
con el hambre y los piojos rayéndonos
el calor y el hogar prestado
suplicando a los poderosos
que os den la vida
la que se nos ha marchitado.

Os cantamos cada noche, en los momentos oscuros
con luces que riman en versos
en dulces lemas de flores
en aromas de sábana limpia
en la esperanza errante
de que durmáis mañana libres.


Álvaro Hernando