Monday, March 16, 2015

Cuando no miras

Cuando me refugio en recibir
el dolor, brazos abiertos,
no encuentro más calidez
que escribir con sangre en tu piedra.


No quiero que no duermas por estar cuidándome. Aunque me siento halagado. ¿Sabes? Es simplemente que soy egoísta. Que los querría a mi lado siempre o incluso estar con ellos. Es una locura. Si hubiera un modo de volver. De cruzar el Estigia y acariciarlos. A ambos, pero sobre todo a Mai. Mi escudera. Mi pequeña hija postiza, guerrera y noble. Feliz y humilde. Valiente y bella. Si pudiera pelear junto a ella, no para ganar, sino para que me viera a su lado.
Lo daría todo por ello. Si pudiera volver y traerlos.
Ulises. Cada día recuerdo que Ulises fue el único que fue al mundo de los muertos y regresó.
Me pregunto qué sentirá ahora, lleno de la fuerza y de todo aquello que no pudo disfrutar durante sus últimos años.


Y junto a ellos viene esa cuerda que une a todos los que nunca estuvieron unidos salvo por la muerte.
Y llega mi padre.
Y más atrás mi Geli.
Y un poco más allá mi hermoso tío Alvaro.
Todos unidos por esa cuerda empapada en recuerdo y que acaba unida a mi ombligo.
El cordón umbilical que a todos nos une a nuestros antepasados y personas amadas.
El cordón que nunca se puede cortar y que siempre nos une finalmente a la muerte.

La forma en la que me libero de la muerte
es besar mi miedo,
en hallarte latiendo por leerme
marcado, en tu piedra eterna
a sangre y verso.

estás

estás


no dejo de encontrarte
en momentos
en recuerdos
en instantes de sutil ausencia
y en ausencias de sutil presencia

Alvaro Hernando

De tu boca la fe

De tu boca la fe

La fe no se gana o se pierde
ni se gana o se pierde un suspiro.
Ese breve salto al vacío
que es creerme en tus manos,
olerme en tu despertar confuso,
hallarme en tu piel tocado.
La fe,
de amor a la fe te hablo.
Se posee y se define,
se defiende y se amamanta,
como loba que adopta
a dos hermanos desnudos.
Así la fe se mantiene
venga lo que en ti se cambie
cambien lo que en ti se venga,
nada hace que florezca o marche
nada que huya o perezca.
De fe hecho está el parto,
entre gritos y entre sangres,
es de fe, muérdete el labio,
por lo que tu vientre se abre.
Levanta la vista y observa:
eso es fe, no es ver, el alba
con el sol abriendo paso
con la vida resurgiendo
entre cenizas o flores,
no más,
no menos.
Es un reloj que no atrasa,
que avanza en ti lo que quiero,
es un reloj sin arena,
vacío de todo plumaje.
Es tan real. Es fe.
Es la verdad infinita,
cuando todo lo demás
yace.