Tuesday, August 28, 2018

Versos en un paso de cebra

Versos en un paso de cebra, confesado por Álvaro Hernando

Hace poco, unos días, mi editora me enviaba un enlace para participar con mis versos en esa lotería cuya pedrea va a tocar en todos los pasos de cebra de Madrid. Le di un par de vueltas al tema y, aunque inicialmente rechacé la propuesta, al poco de parpadear mi ego me convenció de lo contrario.
Abrí la aplicación en cuestión y copié un par de versos o tres. Traté de enviarlos y dio error. Demasiados caracteres. A la belleza también le ponen límites y este era un caso. Había espacio para unos 80 signos.  Mi cerebro hizo cuentas y comenzó el trabajo de poda. Cada verso iba perdiendo una palabra allí, ganando una sustitución allá, siempre tratando de conservar la imagen, la idea original, reduciendo el continente, pero no el contenido. Imposible, lógicamente. Soy mal escritor. La brevedad no es lo mío.
Acabé enviando dos o tres propuestas sin pies ni cabeza.
Me fui a la cama, satisfecho, convencido de que, con la que está cayendo en el panorama poético contemporáneo, mis versos, rotos, castrados, incompletos, pasarían desapercibidos y acabarían por ser incluidos en uno de los pasos de cebra del Paseo de Recoletos o, por lo menos, de la calle Alcalá.
A media noche tuve un sueño del que me he despertado muy azorado.
Uno de mis versos rotos estaba escrito en el paso de peatones de la Plaza del Doctor Marañón, justo en el carril bus, junto a la parada del 27 y frente al metro. Ya sabéis lo que esto significa. ¡Por fin alguien me leería! Entre los atascos y los retrasos, audiencia asegurada.
El caso es que en el sueño aparecía un amigo mío, calvo y, en la vida real, con poca vista para la poesía (para la lectura en general).
Como por arte de magia, la poesía era, en el sueño, una de sus pasiones. Se mostraba como un erudito en la materia. Lo era. En fin, al sueño: en mitad de una espera prolongada mi amigo saltaba al paso de peatones, leyendo y comentando a voz en grito las virtudes y defectos de mis versos. Sin llegar a decir mi nombre, iba describiendo con lengua afilada todas las pocas fortalezas y las muchas debilidades de la composición, ganando adeptos entre quienes abarrotaban la parada el rechazo a la inclusión de mis palabras en la iniciativa de Carmena. Yo, preocupado por si salía mi nombre en aquel análisis lleno de rigor y honestidad, daba un paso atrás, amilanado y temeroso, esperando las miradas reprobatorias de los presentes en cuanto se supiera quién era el autor.
Cuando más vergüenza sentía, con sensación de no poder escapar, con mi amigo pronunciando mi nombre ya por la mitad, o sea, con el agua al cuello, un autocar turístico de dos plantas, lleno de japoneses, pasaba más deprisa y cerca de lo normal junto a la parada, embistiendo a mi querido alopécico, dejándole maltrecho, medio aplastado y aún vivo, sobre el listón blanco que formaba el tablero en el que mis versos estaban escritos. La imagen de la sangre cubriendo la palabra "carmesí", tercera de mi trova, me pareció sublime. Una metáfora sobre una metáfora. Un puñado de tierra lorquiano sobre una poesía de cuneta. Una genialidad.
Lo malo de los sueños es que uno no controla todos sus giros. Mi amigo, moribundo, levantaba su dedo acusador contra mí, como si yo fuera el conductor del autobús. Estaba seguro de que, antes de exhalar su último aliento, se chivaría de que el autor de aquella patraña era yo. No me pregunten cómo, pues los mecanismos internos de la conciencia y del sueño son para mí un misterio, pero en aquel momento el dichoso autobús daba marcha atrás, atrapando de nuevo su cuerpo, esta vez por la cabeza, contra el paso de peatones. El autobús se detuvo dejando la puerta delantera frente a mi micropoema. Esta se abrió asomándose el conductor, quien, en un japonés natural, diría que nativo, recitaba mis versos, tal y como yo los había parido, sin el mínimo menoscabo en su belleza. Aquellos versos castrados, rotos, incompletos, dichos en japonés constituían un haiku perfecto. Los flashes de los turistas se disparaban mientras yo, más por pudor que otra cosa, me hacía el distraído a la que pateaba el cadáver de mi amigo, empujándolo bajo el autobús con el fin de ocultarlo y que así no afeara las fotos.
Llevo dos noches preguntándome si mi poema era bueno o no. No lo recuerdo. Sólo sé que la tercera palabra era "carmesí".
Me pregunto qué será del poeta que, es cuestión de tiempo, tenga que soportar sobre sus versos el primer atropello.

Dedicado a Tulia Guisado

Saturday, August 25, 2018

Velatorio

Velatorio

¿Uno a quién vela a solas,
apartado de la casa,
de la lumbre,
de la vela,
del cadáver?

¿Por quién regala una vigilia
apartado del tiempo muerto,
del amigo consumido,
de la conversación hueca?

¿A qué espera uno cuando amanece?

¿Espera a saber la ausencia?

¿Espera a quien le espere?

Thursday, August 23, 2018

Monday, August 20, 2018

Somos

Somos parte de un Todo. No es posible sustraerse al permanecer, ni al olvido.

Saturday, July 28, 2018

Acta est fabula, plaudite!

Acta est fabula, plaudite!

Ahora, que reposo entre enemigos
ahora, que la felicidad toca el fuego
ahora, que no hay sangre en la boca de una virgen,
ni monedas de cobre sobre tus ojos,
con todo perdido, claveles en los costados,
y en el pecho,
te pregunto:
¿Qué queda de tu cuerpo y de la hybris?
¿Por qué hay olor a sexo en tu mentira?
¿Para qué te sirvió tu desprecio?

No hay pérdida en la muerte.
Sólo un quejido roto de un niño ya ciego.

Descanso, ahora, y paso
de ser Polifemo a Nadie,
y el tiempo atrapa en su huida al único culpable
al corrupto, al héroe, al santo,
al demonio, al insalvable.

Y cae la máscara, seca,
de un yeso amarillo y muerto.

Todos nos desnudamos a la muerte
cada noche
cuando el público nos juzga
desde el interior del pecho.

Cierra los ojos y duerme
tu función ha terminado.

¡Aplausos!

Thursday, July 26, 2018

Euthanasia

Euthanasia

Desbrozar el tronco seco
para que parezca vivo,
matar la hiedra
y llamarlo piedad.

Hay que recrear lo cierto,
pensar vivo lo muerto,
que parezca original.

Friday, July 6, 2018

Estar quieta

Estar quieta


Amo mi estar quieta
cuando el suelo se rasga y esa tela
delicadamente recia se hace barro
seco y nos traga.

Estar inmóvil cuando me gritas
esculpiéndome un aire irrespirable
con formas cortantes y agudas.

Cuando retumba el suelo bajo tu pie
y mi puerta bajo tu mano,
ahí me quiero, sin oscilar.
Amo mi vibración invisible y que nada se mueva.
Cuando escribes con sangre que soy
yo la que está rota, dejando renglones carmesí,
ideogramas orientales, empapando con nuestra
historia la pared.

Amo mi cuerpo inmóvil, sosegado,
puesto quieto por todos los ecos de la palabra
puta 
que tu cincel trata de hoyarme en mármol rosa
y fecundarme dentro con esa semilla inerte.
Ahí amo, por encima de todo, mi estar quieta.
Amo mi no huir, ni tras, ni por ti.

Cuando la adorada rabia
que guardas entre tus uñas,
en los nudillos, me aúlla corre,
quedo muda sobre mis rodillas,
con la luz rasgada por un hilo púrpura
que parte en dos hemisferios perfectos mi pupila.
          Al Norte, volarse quieta.
          Al Sur, caerse quieta.

Amo mi estar quieta, entonces,
cuando anda quebrado el pavimento,
descosidos los pies de los zapatos,
sin quedar espacio a la sombra
entre suelo negro y pie mudo.

Cuando nací no sabía que mi mano iba a trazar
el aire despistado entre los pasos y las calles,
atrapando ahí lo bello que me abruma
escritura de sonido mudo sobre piel blanca.

Disculpa que ame mi estar quieta,
renunciándote en tu abismo,
en el que nada reposa
salvo una sentencia cobarde.

Empieza el movimiento cuando tú me quieres quieta.
Por lo demás, elijo el impulso entumecido
y el fervor sólido de una roca sin edad.
Pero si tú me dices ¡quieta!
yo surco el tiempo que no cambia.

El mundo quieto es no escribir.
Tu mano abre, quieta.
Tu boca entra, quieta.
Tu olor estalla, quieta.
El mundo quieto es no leer ni los recuerdos.

Tuve miedo de las cosas quietas.
Todo nos debe una vibración leve
movimiento, aunque sea imperceptible
lleno de color cambiante y sinuoso.

El miedo es algo quieto
que te invita a ser miedo de uno mismo.

estar quieta
tras el grito
por el aire
frente al tiempo

vigilante
no hacer ruido

porque
nada
permanece quieto.