Friday, November 23, 2018

La muerte, la cama.

La muerte, la cama.

Estuve un tiempo en trance,
en la cama de un hogar con olor a hospital
en el que los doctores caminan desnudos
y las luces no dejan ver el horizonte;
sumergido en pensamientos llenos de esdrújulas,
imposibles de unir en algún rumbo
unos con otros con sentido.

Me acosté junto a un cuerpo extraño.
Me abrazaba, me quería.
Su abrazo tibio me hablaba de amor,
de aceptación y de tiempo quieto.
Su voz, “¿Quién eres?”, “Soy tú.”
Yo preguntaba su nombre,
ella me calentaba la cama.

Me levanté a fumar un aire que me faltaba
y ardió
dentro de la cabeza de un alfiler
que se me clavó en un pulmón.
Volví a la cama.

Ella no estaba. Su calor sí.

Yo sabía que ella era la muerte
y que siempre estuve en ella: “Vuelve a la cama”.
Morir es cada día desde entonces.

(Álvaro Hernando, en Chicago Express)