Te mantendré la mirada.
Entre las cosas que conservo de mi padre hay muchos recuerdos inventados. Para mí son ciertos, pero sé que lo más probable es que no ocurrieran nunca y que sean imágenes todas producto del amor que él me hizo sentir.
Él ya no está en la misma forma en que yo estoy con mi hijo, pero sí está en la forma en que él permanece en mi hijo. Sigo viéndole en él. Sigo viéndome en él.
A mi padre le dediqué el primer libro de poemas publicado. Uno de esos recuerdos que no creo que sean ciertos, pero existen, es que mi padre me pedía que le leyera mis poemas a escondidas. Por eso, en ese libro, hay poemas, inmaduros, de la juventud. A mi hijo le dediqué el, hasta ahora, último poemario impreso.
Mi padre tenía la mayor de las fortalezas que yo haya visto en cualquier persona: hacía que yo sintiera que sé quién soy. Ojalá estuviera aquí para hacerme sentir que sé quién soy. Hoy, con todo este inmenso lío alrededor, que olvidaremos en cuanto alguien cambie de canal, a pesar de la cercanía de los muertos, sólo aspiro a que mi hijo me mire y no dude de quién es. Al menos, que sienta como cierto que sabe quién ser.
No me salen las palabras desde hace unas cuantas horas ya, así que voy a compartir una traducción tan propia como torpe de otro poeta, otro gigantesco, Endre Ady, húngaro, muerto por gripe hace ya cien años. Este poema me recuerda a lo que uno hace, o debería, con los compañeros de camino. Mi versión es del día 9 de marzo de 2020, hecha en el barrio judío de Budapest. Adjunto otra traducción, de Yolanda Ulloa, muchísimo más fiable y fiel al original. Pero dejo la mía, como quien hace una de esas intervenciones o collages, que es lo que viene a hacer un padre con el hijo, hasta que este tiene voz propia y crea su propio idioma intraducible.
Feliz día del padre.

Sostengo tu mirada, Endre Ady
(versión de Álvaro Hernando)
Con mi, ahora,mano envejecida,
sostengo yo tu mano,
con mis ojos envejeciendo
te sostengo la mirada.
En la destrucción de los mundos yo,
salvaje ancestral, perseguido por el miedo
vengo a ti
a permanecer tembloroso a tu lado.
Con mi, ahora,mano envejecida,
sostengo yo tu mano,
con mis ojos envejeciendo
te sostengo la mirada.
No sé por qué, por cuánto tiempo,
estoy contigo,
pero te cojo la mano
y te sostengo la mirada.
Őrizem a szemed, Endre Ady
Már vénülő kezemmel
fogom meg a kezedet
már vénülö szememmel
Őrizem a szemedet
Világok pusztulásán
Ősi vad, kit rettenet
Űz, érkeztem meg hozzád
S várok riadtan veled.
Már vénülő kezemmel
fogom meg a kezedet
már vénülö szememmel
Őrizem a szemedet
Nem tudom, miért, meddig
Maradok meg még neked,
De a kezedet fogom
S őrizem a szemedet.
Guardo tus ojos (versión de Yolanda Ulloa)
Ya con mi mano envejecida
Tu mano cojo,
Ya con mis ojos gastados
Guardo tus ojos.
En ruinas de infinitos
Como atávico fiero
A quien el miedo sigue
Temerosamente te espero.
Ya con mi mano envejecida
Tu mano cojo,
Ya con mis ojos gastados
Guardo tus ojos.
No sé por qué, hasta cuándo
Me quedo todavía,
Pero aferro tu mano,
Guardo tus ojos cada día.