Biografía (actualizada 2019)

Álvaro Hernando (Madrid, España, 1971) es maestro y licenciado en Antropología Social y Cultural (especializado en lingüística evolutiva y en los fenómenos de lenguas en contacto). Colabora como periodista en diferentes medios y, principalmente, dedica su tiempo a la docencia. Cuenta entre sus publicaciones con los poemarios Mantras para Bailar (2016) y Ex-Clavo (2018), Chicago Express (2019). También ha sido invitado a participar en publicaciones colegiadas, como la que rinde homenaje a Federico García Lorca, Poetas de Tierra y Luna. Homenaje a Federico García Lorca: Reedición de Poeta en Nueva York (2018). Ha participado en varias publicaciones colectivas de cuento, entre las que destaca el volumen Cuentos @ (2019), de Editorial Magma, Lenguas en Tránsito. Ha publicado poemas, ensayos, artículos y relatos en diferentes revistas de España y Estados Unidos. En la actualidad es delegado para EEUU de la revista de literatura especializada en Poesía Crátera, así como colaborador en distintos medios especializados dedicados a la literatura y a la docencia. En el año 2018 recibe el Premio Poesía en Abril, otorgado por la organización del Festival Internacional de Poesía de Chicago, donde vivió por varios años formando parte de la comunidad de escritores en español del Medio Oeste norteamericano. En la actualidad vive en Madrid, donde trabaja como asesor para el Ministerio de Educación y Formación Profesional.

viernes, 3 de enero de 2014

Te echo de menos

Te echo de menos

Últimamente no te hago caso.
No me río de la vida y de la muerte.
No huyo de la mediocridad, ni del hastío.
Empleo mis horas en esperar
y no en apurar la copa de vino.

No trato con santos, ni con putas.
No me aventuro a solas en lo que el cuerpo
me pide
          que sea el único.
No sigo el rastro
         de algún pequeño placer compartido
y ni siquiera escribo con el tiempo
necesario en una frase
para ser atemporal o eterna.

Sólo te echo de menos.

Te he buscado en los ojos de las personas que he conocido desde que no estás. Es un lugar demasiado vasto y mediocre como para encontrarte en él sin adentrarse demasiado. No te he encontrado.
Me he quedado a medio camino entre quererte y decirte que te quiero.
Me pierdo poco a poco en ese camino, me apago, no vivo.
Arena en los bolsillos.
No sé pedir razón, no sé tenerla, no me la quieren dar.
No sé ser bueno y no sé, siquiera, si podría.
No sé divertirme mucho, no sé gastar poco en el intento.
No sé sacarle una mueca de enfado al diablo con una risa espontanea.
Últimamente no te hago caso.

Llevo cada uno de estos nuevos días sin ti llorando por dentro, deseando abrazarte.
Los abrazos y los besos. Los recuerdo borrosos, compartidos con otros que también te echan de menos.

Mi coraje sigue siendo más grande que mi vida, pero el traje que le han hecho a medida no admite los colores grises. No me lo pongo, siento en gris.
De vez en cuando condecoro mi cobardía con tu medalla, como si fuera a ganar la batalla conmigo mismo a través de ti.
Veo cómo la gente añora a los muertos y empiezo a comprender que no quieran dejar que marchen.
No respondo a las llamadas de Dionisos. Siempre me llama en el tiempo en que paseo mis pies descalzos por el Aqueronte.
No es pereza.
He perdido la capacidad de decidir. O, si la tengo, no te hago caso.
No le dedico la energía a la vida, sino a la espera y a la ausencia. Me siento tan pequeño sin ti, que hacerte caso cuando no estás no hace más que recordarme que jamás será igual sin ti.
Ojalá me llevaras de la mano hasta el lugar que me corresponde. Hasta este instante, antes de que pase. Hasta mañana, cuando llegue.
Pero ya no estás.
Espero, en el día de tu cumpleaños, que el vino no te falte, que el cordero sea abundante, el pan tierno y, si alguien habla mal de los pequeños, le levantes con un brazo sobre tu cabeza y le dejes caer al estrépito de las risas.

Más allá del tejo no existe la derrota. Te añoro, Teo. Te quiero, padre. Feliz cumpleaños.


Los momentos de ser valiente quedan más en el recuerdo que en las intenciones

Y los hombres fuertes cuidan de sus hijos
Y las heridas de amor dejan más dolor que las de guerra
El tiempo sereno y eterno. Hola mundo, aquí somos.

Los besos son borrosos y los recuerdos son besos

La pena en la mirada, la verdad y la arena.

martes, 12 de noviembre de 2013

De entre todos

De entre todos

De entre todos tuvo que llegar el tuyo.
De entre todos,
los recados, recuerdos y ecos,
tuvo el tuyo que ser el único
que sobreviviera al tiempo
y al encanto del engaño,
ese de pensar que algún día hubo un eco,
un recado o un recuerdo
al tuyo en esencia diferente.

Quebrado el cielo
abierto he visto en llama
el recuerdo apagado
sumergido
en arena de tiempo erosionado.

No cura nada el tiempo,
ni el tiempo ni,
de entre todos,
tampoco tu naufragio.
De entre todos tuvo que llegar el tuyo.
De entre todos,
los sueños, los pecados,
los anhelos retocados...
tuvo el tuyo que ser él
el único
que antes de pecar
se hallaba perdonado.

jueves, 6 de junio de 2013

Para quien navega sin brújula.

Me gusta la idea del mar como obsesión. Me ayuda a enfrentarme a mis miedos y a mis mayores valentías, porque a ésas también hay que enfrentarse. Piénsalo con detenimiento. La mayor parte del globo está cubierta de aguas marinas. Los mayores desafíos afrontados por el hombre han sido los relacionados con atravesar mares, ya fueran de agua salada, hielo, arena u obscuridad.
El mar te acoge, abraza, abriga, acepta, absorbe, roba y da la vida.
El mar me sirve como obsesión en mi obsesión de explicar y narrar el mundo.
En el mar se dan las escenas de mayor valentía, las de mayor egoísmo y crueldad, las más reconocidas y buscadas, temidas, odiadas e ignoradas.
Hoy, en todos estos mares, me apetece hablar de héroes, heroínas y recuerdos que espero no se diluyan en el agua como la sal arrancada de la roca. Esa sal que nos recuerda que existe por su sabor, su olor y por el cerco que deja en la piel al evaporarse el agua que nos bañó.
Mi primera gota de agua en el mar, mi primera marea, Andrew McAuley, un bello loco australiano, como todos los australianos que conozco, que decidió entre 2006 y 2007 atravesar a pala y valor ese Mar de Tasmania que conozco bien por haberlo navegado entre miedos y escalofríos en 2010. La diferencias entre su viaje y el mío son grandes. Él en kayak, yo en un barco gigantesco que en mitad de las tormentas parecía una cáscara de nuez a punto de caer por las Cataratas del Niágara. Andrew decidió ser el primero en la proeza. No por ser el primero. No por desear navegar cien días SOLO, sino porque el reto, como para Hillary, estaba allí. Otro detalle importante es que Andrew murió a menos de un día de su destino, probablemente a menos de veinte millas de la costa de Nueva Zelanda. Su cuerpo nunca se recuperó. Nunca le conoceré. Qué ganas de haberle conocido y de haber sido su amigo.
Mi segunda gota de agua, Paco Flores, se enfrenta cada día desde hace años a una tormenta bipolar en uno de los entornos más degradados de los suburbios que Madrid esconde en los pliegues de su deseado sexo. Junto a las enormes Cuatro Torres de la Castellana, la pobreza y la podredumbre se mezclan con las sombras que proyectan las corporaciones y personas que somos y admiramos las Cuatro Torres. Paco tiene un padre toxicómano, también gitano, como él. Adicto a la tristeza y a uno de esos polvos blancos que quedan tan bien en los cortes de las mesas de cristal de algunos banqueros que nunca irán a la cárcel. No sé exactamente de cuál se trata, ni es importante.
Paco navega a uña y tesón contra viento y tormenta de rayos. No se ve el fin de la ola. Yo atravieso ese mar desde hace tiempo, en un plácido submarino desde el que se sienten las corrientes de vez en cuando, en el que uno puede aterrarse aferrado a sus torpedos armados de explosivo "pseudomoral", esquivando las cargas de profundidad que lanzan los que ahora mandan. Paco y yo hicimos de actores en una película que estrenaron hace poco en el Museo Reina Sofía. Yo no fui porque en las visiones previas Paco, que es muy inteligente, como todos los supervivientes, me dijo: "Álvaro, se te nota la impostura". Claro, soy un cobarde. No fui por evitar el ridículo. Él tampoco pudo ir a esa proyección. Estaba sacando de la tormenta blanca los treinta kilos de su padre, con el entendimiento perdido de un yonki que se hunde en un coche desguazado en Valdemingómez. Otra gran diferencia entre su travesía y la mía. Él se lanzó al mar a salvar lo que queda de su padre. Yo, en mar plácida, por la idea de que una vez vi un tiburón en un documental, me salvé a mí mismo de mi vergüenza española.
Mi tercera gota de agua, Frella Hoffmeister, la reina de la belleza alemana, exgimnasta y valiente. Concluyó la vuelta completa en solitario en kayak a Australia. Esto no lo he hecho ni creo que pueda hacerlo, simplemente porque si voy a Australia no tengo intención de atravesar los trece mil kilómetros infestados de medusas, cocodrilos y tiburones que ella consiguió concluir utilizando para ello veintiocho días menos que el único hombre que hasta entonces lo había conseguido. Un neozelandés loco y bello, como Andrew, llamado Paul Caffin, quien tardó casi un año en hacer lo mismo. Qué locura. Qué valiente. Qué ignorada. Ella no necesita reconocimiento. Fue en 2009. Yo me enfrento al mar de las letras y las palabras y cada una de las paladas va impregnada del anhelo de querer permanecer, de querer inspirar, de querer ser reconocida como la única, la mejor palada de cuantas se podrían haber dado en el eterno mar que es la literatura.
Mi cuarta gota de agua, Ana Cruz. Se ve en la tormenta perfecta a ratos. A ratos en el Mar de los Sargazos. Es otra heroína. Le tocó tomar el timón de una nave en la que van varios navegando, tripulantes, polizones, viajeros mochileros y alguna rata que por mucho que el barco parezca que va a hundirse, no, decididamente no saltan por la borda. Es timonel y capitana que decide llorar en mitad de la tormenta con una sonrisa en la cara y unos ojos que iluminan en la oscuridad. Y lo hace en ese momento no porque sea el más duro, sino porque es en el que menos se nota. Decidió elegir llorar por las esquinas de un mundo que se navega siempre en redondo, sin puntas ni ángulos. Pocas veces se entretiene en una esquina, salvo si es un escollo que sortea con lo que a Paco, a Andrew, a Frella y a Paul les sobra. Ana, además, saca de vez en cuando, entre palada y palada, entre giro de timón y giro de timón, un candil muy sutil, que emite una luz bella, tenue, impresionantemente necesaria para muchas personas que navegan en soledad por aguas en mitad de la oscuridad. Es como un faro que marca el camino entre las rocas y te recuerda cómo son los hombres antes de embarcarse y cómo son paridos por mujeres que nunca necesitaron embarcarse para huir de sus responsabilidades como gente que siente, ama y vive el instante. Se fija en la luna, las estrellas. Ana habla con el Sol. Lo ama y saluda casi cada día. Le gusta el olor del mar que llega casi en todo momento al Gavá. Se orienta cuando la desorientación es un manto negro y frío que lo cubre todo. Ana se deja fluir, que no ir, en el instante. Aprende a conocerse. Aprende a atreverse. Hay diferencias... Yo aprendo a navegar alejándome de la negrura, con una brújula en cada mano y tratando de acercarme a alguien que se le parece, que sabe tomar la vida por el timón adecuado, sin importar el rumbo. Porque, aunque la gente valiente sabe dónde quiere llegar, mejor conoce el punto en el que se encuentra.  El rumbo no es tan importante como saber enfrentarse a la incertidumbre y a la tormenta. Yo con ello no sé poder. Para mí una ráfaga es eterna.
Mi quinta gota de agua, Antonio de la Rosa, literalmente navegante y aventurero. Sonrisa eterna, ojos profundos y claros, cristalinos, como el mar de Menorca. Del mismo mar que ahora atraviesa Paco se dedicó a atravesar los mares que Paul, Andrew o Frella ya han atravesado. Él, con su kayak, ya ha cruzado algún mar de agua salada. Con su tesón también ha atravesado mares de tierra helada, hielo y nieve, en la Siberia del helado lago Baikal. Es lo que nos queda de Scott. Es un empeño constante en la aventura, en el desafío, en el reto. Sin demasiadas pegatinas simplemente piensa "un pasito más... una palada más". Y sabe dormir, sabe comer, sabe defender su casa y sus sueños. En la tormenta encuentra el mar plácido del único argonauta que, pase lo que pase, sabe que regresará a casa con la experiencia y con el éxito. Ojalá alguien fuera tan valiente como él como para financiar su próxima empresa, atravesar en solitario, en kayak, el Atlántico. A este sí que le conozco, sí que le he dado de comer, sí que ha compartido su comida conmigo. Es tan normal el héroe que no necesita de artificios y no te recuerda que lo es. Yo, como con la literatura, estoy tan orgulloso de haber saltado un charco que lo proclamo a los cuatro vientos como cuando el padre primerizo se desgañita gritando "¡Es niño y se llamará Teo!" para que todo el mundo sepa del hecho como si de una hazaña se tratara. Hay muchas diferencias entre cómo él afronta sus mares y yo los míos.
Gota a gota se va haciendo el mar en su inmensidad. Cinco gotas entre gotas. Cinco gotas distintas como gotas de agua. Cinco gotas que parece que mojan más que las demás, que tienen más sal de vida que las demás, que permanecerán más que las demás en ese modo de amar la vida que, para mí, es narrarla.



viernes, 31 de mayo de 2013

De la sombra al olvido

Te echo de menos,
a veces,
entre las sombras.
Cada vez menos...
Menos momentos
porque
hay menos sombras.
Cada vez menos...
Pero cuando llega uno y uno de esos
brazos negros me abraza,
simplemente una traza de hielo me atraviesa el estómago.
Y siento que sólo tu piel podría iluminar eso que me hace ciego.
Ciego y mudo.
Ciego desde la última vez que mis ojos vieron tu voz,
dibujada en los colores de tus actos.
Mudo
cuando el grito sordo se prolonga
hasta que, agotado,
se me duerme el miedo.
Y entonces pasa todo y vuelve la luz...
y no querría nunca que llegara la negrura de tu ausencia
a atravesarme fría en hielo el puñal en el estómago.
Cada vez menos...
Menos momentos
porque
hay menos sombras.
Y es en la sombra donde apoya fuerte el pie su impulso
del olvido.

viernes, 17 de mayo de 2013

Posar mi piel

Posar mi piel

Posar mi piel en tu piel es desembarcar en la vida.
No sangrar, no nacer… no, siquiera enfrentarse a la muerte.
Es el sagrado descanso que mi alma encuentra tumbada en tu piel, arropada por la mía.
Porque huye, sale de mí, mi atormentada. Y entonces siento la paz.
No sé si se queda atrapada o simplemente se acoge.
Sí sé que me deja sentir la vida con sosiego.
Puede ser que mi ser comience a vivir, libre de mi alma turbada.
Es entonces más que nacer.
Es una consciente aventura a la que un corazón maduro llora por enfrentarse.
El desafío.
Posar mi piel en tu piel es desembarcar en la vida.
No necesito buscar más. Es el reto.
Dominar la que seguro es tu alma atormentada, como la mía,
y prestarle a tu piel ese pedazo de piel en la que puedas,
desde el reposo de tus turbulentos veintiún gramos,
desembarcar en tu vida.
Mano sobre mano, vientre sobre vientre…
mi muslo en tu brazo,
tu cara en mi pecho,
tu sien en mi espalda…
es igual el punto de la abrupta costa en el que lo hagamos.
A pesar de las tormentas,
posar mi piel en tu piel es desembarcar en la vida.
Cualquier otra cosa es vivir anclado al saber que llegará la muerte.
(…)
Atravieso el mar a vida y viento, da lo mismo en contra que a favor.
Navego como todos, a contravida.
La vida se le hace difícil al amante que duda.
No es menos complicado,
que enhebrar la vida en el ojo que es la de muerte,
rezarle a un dios que mata el tiempo con soplidos de ajenas esperanzas,
vagos recuerdos de lo que nunca ocurre.
Comprende, mi verde cadena, que eres frágil ante la inmensidad del abordaje de un beso.
No es menos difícil,
 que saber reconocer la sangre mortal del amor en la pasión,
soltar la mano del hijo dirigido al mundo desmembrado.
Inconformista siempre.
De instantes incoherentes y libres.
Sumiso en la tumba y de espíritu libre.
Quien no te quiera enteramente que no te tenga.
Incoherentes instantes amortajados de lógica.
Posar mi piel en tu piel es desembarcar en la vida.

(Álvaro Hernando, de Poemario Primero) 

martes, 2 de abril de 2013

Words

Un vistazo a la parte oculta de la palabra

I´m sank in the mist of your thirst,
thirsty of illuminated words.
Words sank - dropped,
powder,
empty promises…
… that decorate our
life sad-tree.
Poor dry roots,
looking for coloured clouds.
Words. Texto por Álvaro Hernando, imagen por Pak Muñoz____________


Poema Words, sobre imagen de Pak



Fotografía de Pak Muñoz, en diálogo con el poema Words


lunes, 18 de marzo de 2013

Una "quita" chipriota.



Yo no entiendo demasiado de eso que llaman "leyes y equilibrios de los sistemas financieros". Yo no conozco demasiado de casi nada en realidad, lo cual no es bueno. Pero me encanta observar, aprender, comprender... Quizá peco de aplicar en exceso el sentido común, lo cual no es bueno. 

Pero es que en la otra mano está el no conocer absolutamente nada de casi todo, lo cual es malo. Aún queda sitio en esa mano para no aplicar nunca el sentido común, lo cual, como ya imaginarán, para mí también es malo.

Así que así vamos, como en todo, dando un paso en lo que no es bueno y tratando de evitar lo que uno sabe que es malo.

Por ejemplo, tener que tener el dinero en un banco no es bueno. Depender de las instituciones financieras para poder gestionar cualquier asunto es malo. Que un banco se quede con un poquito de dinero, justificándose en el cobro de comisiones, más bien injustas, no es bueno. Que el mismo banco te expolie la cuenta es malo.

Miren si no a los vecinos chipriotas. 

Resulta que ahora, para poder hacer casi cualquier gestión, has de depender de tener cuenta bancaria. No te vale con guardar dinero en un calcetín debajo del colchón. Para cualquier cosita, cualquier pequeño negocio, para incluso cobrar tu sueldo, has de poseer un nicho en el cementerio que es la banca. Y digo nicho y no cuenta bancaria, que dinero que entra, dinero que merma en salud y comienza peregrinaje a la extinción. Ahí se queda. Debe de haber un osario para tanto cadáver monetario. No, no estoy haciendo metáfora. Es que he oído que el sistema financiero tiene una sólida estructura y que si no la protegemos puede acabar por morir. Eso debe de ser el esqueleto, ¿no? Pues digo yo, que para tanto esqueleto alguien habrá preparado un osario.

Bueno, a lo que iba, que me pierdo en la mística del dinero.

Resulta que los chipriotas han dependido como nosotros dependemos de las instituciones financieras para hacer su compra diaria, cobrar sus nóminas o gestionar sus ahorros. Como a nosotros, los dineros que han ido dejando en los bancos, en su mayoría dineros anémicos y débiles, han ido viendo deteriorada su salud. Ya sé, ya sé. Me dirán ustedes que no todos los dineros están mal de salud. Que unos dineros envejecen mejor que otros, como los dineros rusos en los bancos de Chipre. Pero bueno, que yo a lo que me refiero es a que todos los chipriotas han engordado la maquinaria financiera de su país. Todos han aportado.

El panorama se ha complicado hasta el punto de que el sistema financiero chipriota ha caído. Ha caído por mala gestión. Es curioso. Hablamos de sistema financiero bancario "chipriota" cuando los tentáculos de las empresas que gestionan allí la banca se extienden mucho más allá de aquellas fronteras. Son empresas transnacionales. La deuda de los bancos que operan en Chipre es grande. Tan grande que alguien ha decidido que esas deudas las paguen entre todos los chipriotas. Al menos que paguen los chipriotas ahorradores. Parece ser que, por el momento, a todo chipriota hijo de vecino con dinero en un banco le llegará una amputación del 6,5 % de sus ahorros, eso en caso de ser un pringao como yo. A los que tengan más de 100.000 euros ahorrados en estos bancos, les soplarán un 10 %.

Claro, esto ha generado indignación, protestas y perplejidad entre la gente (que no violencia por parte de los ciudadanos). Como la vergüenza debe ser muy grande entre los políticos comprados (cosa que no es buena) y entre los políticos vendidos (cosa que es mala), ésos han pensado que igual cambian los sablazos, dejándolos en un 2 % para los pardillos y un 15 % para los que tienen más de 500.000 eurillos en la banca chipriota. Bueno, lo han hecho, digo yo, por vergüenza y porque Putin quiere cazar a todos los que han evadido capitales de Rusia llevándoselos a Chipre.

A cambio de una lista de nombres y apellidos de este ganado eslavo, Rusia ayudará económicamente a Chipre. Claro, los políticos comprados, los vendidos, y los peleles en general, habrán pensado que es mejor repartir la carga entre los que son menos ricos que Putin y sus conciudadanos.

Van a ser hijos adoptivos de la nueva Rusia del padre adoptivo Putin.

El caso es que yo quería comentar algo más relacionado con la dialéctica técnica de la cuestión. Yo, sinceramente, de Chipre sé poco, cosa que no es buena. Ahora estoy aprendiendo un montón, cosa que, por los motivos, es mala.

Sé, por ejemplo, que el gobierno les ha explicado que, para evitar que se muera el animal financiero que es la banca y que les cuida y protege, hay que hacer una "quita" de los ahorros de todos los chipriotas, para alimentar a la pobre bestia. Yo no sabía lo que era una "quita". Por lo visto es una retención que los acreedores hacen sobre determinados capitales, cuando éstos son de un moroso que, además de deber dinero, es una banca o entidad financiera. Vamos, que consiste en cogerle un dinerillo a la banca para garantizar que sus acreedores cobran. Una "quita" es una forma, según parece, de recuperar parte de un dinero que se le debe a un acreedor. Digamos que un banco debe dinero a otros bancos. Pues se calcula cuánto puede llegar a pagar el banco deudor, se recalcula y renegocia la deuda y, sin más, se le quita un cacho bien gordo de pastel, compensando así la deuda original. No es un plazo. Es una quita. A partir de aquí, los acreedores callan y la vida sigue.

Uno podría pensar. "¡Uf! Qué suerte han tenido los chipriotas. Con una quita se acabó el problema." 

Error. Sarcasmo político. 

Los chipriotas ahorradores no son bancos. Son personas que se han visto obligadas, como tú y yo, a ser clientes de entidades financieras en las que acabas guardando todos tus ahorros. Ahorros que son tuyos, no propios de las entidades financieras.

No es una quita, es un expolio. 

Yo creo que es un proceso experimental. Viendo como la cosa va colando en España (que si preferentes, que si recapitalización de Bankia, que si la abuela tose...) han decidido dar un paso más allá. Están probando. Las empresas financieras transnacionales quieren mover su dinero, incrementar sus beneficios, para lo que aprietan hasta extenuar algunas de las tetas que vienen ordeñando desde hace tiempo. Como la vaca ya no da leche... tratan de ordeñar la teta ajena. Si cuela... cuela.

Esto es más de lo mismo.

Un negocio privado, tiránico, basado en la "ley de oferta y demanda" y en aquello de obtener más tajada porque "asumen más riesgo", que quiebra. El riesgo les salió rana. El negocio, que nunca repartió beneficios con los ciudadanos a los que ordeñaba, ahora les reparte las deudas. Con la connivencia de los gobernantes, quienes comprados, vendidos o memos, no son nada buenos. Las deudas privadas son pagadas con dinero público. Las deudas son asumidas por los estados y son pagadas por sus ciudadanos con sus capitales, sus ahorros. Los tuyos y los míos, porque aquí está ocurriendo lo mismo. Cuando la vaca dejó de dar leche decidieron cortarle una pata para zampársela.

La gente piensa que esto es cosa de una pequeña tierra llamada Chipre y que aquí la cosa va mejor.

¿De veras?

Yo creo que va igual, o peor. La cosa es que a nosotros nos expolian antes de meter el dinero en el banco, con bajadas de sueldo brutales y pérdida de beneficios sociales y económicos. Ellos lo llaman ahorro. Lo que se ahorran es robarnos el dinero antes de que llegue al banco.

En Chipre igual roban un poquito a sus ciudadanos y un poquito más a los acaudalados y anónimos rusos que guardan allí sus fortunas.

Aquí nos convierten los servicios públicos en privados, para conseguir que nuestros impuestos directos paguen sus deudas y, además, que los servicios que utilicemos sacien su codicia y deseo de enriquecimiento a través de impuestos indirectos (eso que llaman IVA, o subidas en los transportes, bienes de primera necesidad y demás).  

Cada vez que se privatiza un servicio convirtiéndolo en “mercado”, con excusas como que no es sostenible, que quebrará y demás, lo que se está haciendo en repartir las pérdidas privadas en facturas que tú y yo pagamos, como los chipriotas. Al menos allí hay fortunas rusas escondidas. Aquí las fortunas son las que algunos políticos han hecho y que se han apañado maravillosamente en sacarlas a otros lugares, alejados de nuestros recortes y de los de Chipre.

Los que dicen que el sistema capitalista es así, son ignorantes o cínicos. El sistema capitalista contempla la posibilidad de quiebra. Que quiebre la banca. Que miles se queden sin trabajo, lo cual es malo, para evitar que sigan sin trabajo ni oportunidades seis millones de personas en España, lo cual es dramático y una vergüenza.

Que quiebre el sistema financiero, lo cual es malo, para evitar la quiebra democrática, lo cual es la esclavitud.

Miremos a Chipre sin perdernos de vista.

Miremos también a Islandia, eso sí que sería realmente bueno.

Las cosas se han ido complicando en Europa de una manera rápida y dramática.

¿Crisis? ¿Qué crisis? Esto es una estafa. Eso, o igual es una quita chipriota.