Sunday, December 2, 2018

Rastro negro


Rastro negro

Chicago flota.

Es madera y aire.

En la Ohio, huecorrelieve,
la mujer se incrustada en los comercios
de una calle que es toda zanjas
y martillos, polacos, sombras vacías
como un bruno interior acre. 
Y las aceras, obligadas a ir por la calle, 
sacadas de la misma roca
talladas por canteros negros.
El aire suena a música, a palabras ásperas
y rugosas, volátiles sinsentidos,
como cicatriz muda,
como averno susurrante.

En la calle State hay un antro,
un café de carámbano negro.
Es una postal empapada, 
es una promesa falsa
escrita con vaho en madera, 
una caricia sajada, una cuchilla en la lengua. 
Es una senda incorrecta,
un cruce inoportuno
de caminos y de encuentros.
A escondidas. Es de día,
los huérfanos van a la escuela
donde asentirán en silencio. 

La Milla es siembra de pobres 
argentados y sucios, de plata con alma de plástico;
del color de frío cielo.
Algunos sintecho se esparcen,
como orines en arena, por los subterráneos,
sin lamentos, como de paso por ellos. 
Nada que perder, sin quejidos, 
sin herencia, son olores sin rostro, música congelada,
abuelos sin nieto, y la lluvia les insulta
arrojándoles el reflejo sobre el cemento.

Muere el viajero en Chicago, 
con un dolor clandestino
o un miedo nieto de esclavos.
No hay Rosa para estos Vientos,
en los que el mapa es la duda curvada y terca
y el recuerdo está escrito en agua,
como un tallado invisible,
preñado de olor prestado.

Y uno cierra los ojos,
y ese olor le sabe a pinos
de algún parque que ya no existe.
Es una mentira dulce entre los charcos de aceite.
Es un acertijo nuevo llamado saudade homicida.
Es una madre borracha, enamorada del hijo,
besándole impúdicamente, pegajosa y descarada,
de boca infantil y perfecta,
con beso opaco y podrido
como fruta malgastada.
Es el interior de la tierra
que te llama, y tañe en ti desde dentro.

Porque la memoria es la tierra
a veces serpea la muerte
entre recuerdos borrosos
(esos viajeros lentos,
desconocidos ajenos,
envenenados de olvido).
Y nada suena en mi mente.
Sólo bebo.

Caminar esta ciudad es quebranto puro
es desvestirse del miedo,
es un tatuaje en la boca, una cicatriz en la espalda, 
un mirar hacia adelante con la frente en un muro de barro.
Es un infierno que gira,
Y todo ello siempre flotando,
cada átomo, cada universo,
es de madera y de aire.

Levedad. Camino eterno.

Todo da tierra y negro.


(Álvaro Hernando, en Chicago Express)