Monday, October 2, 2017

El abismo.

Yo me inventé un abismo. Decidí cortar las cintas métricas que dictaban la cordura sobre mis saltos. Contener y estudiar el impuso, dibujar cada curva de ascenso y de caída en mi memoria. Me inventé un abismo. A mi abismo hay que hacerle el amor, separarlo de mis ausencias y alejarlo de las quebradas; y dejarlo al sol, que se caliente, que sequen esas sangres que de eterno lo horadan y tallan.
A mi abismo le quedan tan solo tres caídas. Tras ello perderá sus siete vidas de gato, y no habrá más vértigo. No sentirán la presion mis tripas, ni el mareo será la traducción perfecta a su coriolis borracha de incertidumbres.
Tengo un abismo al que beso cada noche, muchas tardes, segundos repetidos de minutos que marcharon. Es un agujero, una cicatriz, un brazo amputado que siempre pica en su extremo.
El abismo que tengo es un compañero predecible.
Tengo un abismo con muy pocas ganas de ser llano. Quiere ser torrente mudo en el pleno salto.
Yo escribí un abismo que me inventa, a cada caída, en un vuelo raso de palabras.
Hay que detener el tiempo, hay que parar el vuelo en seco, para entender a mi abismo. Para explicarlo hay que lanzarlo con rabia contra las ganas de uno mismo.