Friday, December 30, 2016

La despedida

La despedida

Dura la noche
se alarga, oscura, entre el brezo.
No consigue alcanzarnos aún
pero nos mira de cerca, deseándonos,
dura la noche, despegar del suelo
en un sueño profundo y trágico.

Dura ya de largo la noche
tantas lunas como cantos
se han perdido entre lobos.
Y no hay agua para este bautismo.
Me queda de ti tu dolor.

¿Recuerdas los abrazos?
Ahora todos crujen
y hacen de esta áspera sábana negra
un cuento insufrible
narrado del revés, sin final feliz.
Todo escrito en páginas de cera
fría y frágil, de vela negra,
cada palabra crepitante,
como de ira en la boca,
como dientes partiéndose
unos contra otros
rechinando antes de quebrarse.
Y no hay dolor para esta boca.
Me queda de ti tu silencio.

Así, dura, es esta noche,
tensa, atenazada, inflexible,
en manojo de cuchillos afilados
al punto ha de florecer en nuestros vientre
para siempre.
Y no hay color para esta estrepa.
Me queda de ti la herida eterna.

(por Álvaro Hernando, en La Herida Eterna)

Escabel

Escabel

El miedo en la mirada es escabel.

Toco mi reflejo, algo de barba,
rasgar de arrugas, la vista seca.
Abro la boca y lanzo mis ojos cerrados
al resonar de las palabras ahogadas,
allá dentro.

Es un olvido que me invade muy al fondo,
                                     en ese grito silencioso.

El miedo, escabel para el reposar
de rodillas temblorosas
de un infiel que ruega sin fe en el rezo.


No sé vivir. Busco un motivo.
Dejo los miedos como tarjetas de visita.
Y la enrolo en mi viaje sin rumbo,
por los temores, estaciones para un ferrocarril de siete gramos
                                      que lejos queda ya del parto.

El miedo, escabel que no da reposo
a las espaldas del futuro,
de un Atlas envenenado de estrellas y de versos.


Ella evita su reflejo, me mira
a mí, a través del mismo espejo.
No soporta el peso profundo de lo oscuro,
mi mirada y mi silencio.
Prefiere la mortaja ajena, la yacija cegadora,
como dormir en la luz de una hoguera.
Antes un solo paso acompañada
que un largo viaje en soledad.

Su mirada es escabel imprescindible
para los que miran sin ser vistos,
reflejados en otros ojos, en otros tiempos
                                     sobre los que  regresar del abismo.


Atávicas búsquedas, vivimos del miedo a mirarnos a los ojos.
Racionales,
                    escabeles, morimos de lo mismo.