Thursday, March 3, 2016

Umbrales

Umbrales

Nos hemos dedicado a fornicar en los umbrales de Benedetti
simplemente porque ni yo tenía hogar, ni tú tenías calle.
Y nos quedamos siempre a las puertas de llevar la vida a tu salón o a mi plaza.
Y entre penumbras y sombras, y entre luces y rayos del día
así fuimos descubriendo que de una piel se puede hacer una salida y de un umbral un mundo.

El umbral se camina infinito, por no dejar la estancia vacía,
por no discutirle al cansancio con arrepentidas palabras-esperanza.
Y nos hacemos del pasado un bello collar de piedras falsas, brillo y dureza.
Y entre recuerdos exóticos se estrangula el aire peregrino respirado;
así somos dos bellos irreconocibles, que de la esperanza hicieron ancla y del vacío abrigo.

Y queda la salida,
pero siempre habita en un pretérito,
como a un umbral del primer paso.

Y tenemos el celo eterno,
papel de colores cosido al olvido,
que bien arde, la llama rozando al gris recuerdo.

(Álvaro Hernando, en Geografía del alma)

Piel en grietas

Piel en grietas

Hay una parte de piel que se me aja
que se me agrieta
después de hacer el amor;
como piel de talón.
Está justo en el espacio que dejan
su rechazo y mi deseo,
cuando se abrazan,
mientras no la penetro
sobre mi ensueño de espigas secas.

Hay una parte desértica de mi piel,
de púas asedadas
que, sí, se me agrieta
como piel de elefante
y se me llena de recuerdo,
hecho reguero que el tiempo
abrasara en la madera del tejo,
dibujando pequeños, minúsculos
rayos negros ciegos.

Hay una piel hecha, caparazón duro,
de conchas de tortuga confiada,
que ya no sé si te envuelven,
se nos quiebran, o separan
de este estrafalario mundo
hastiado de crema hidratante
pieles brillantes y
sin la más leve rasgadura del recuerdo,
sí, ridículas por solitarias.

(Álvaro Hernando, en Geografía del alma)