Monday, July 14, 2014

Poestudio

Poestudio

Soy capitán de mi barco
grumete en todas las velas
esclavo de un viento hostil,
naufrago de tus mareas.
Conozco cada recodo
cada giro en tus corrientes
que protegen tus anhelos
tus demonios
tus sirenas.
No me crees y te conozco.
Eres mi dibujo,
mi esencia.
Eres el mar que me traga
que me mece
y me alimenta.
Desconfiada te niegas
y me niegas la razón.
Te conozco y eres bella,
de trazos todos de seda
de colores aguamar
y verdeselva.
Obstinada, me lo niegas.
¿Por  qué no hacemos la prueba
y me dejas observarte? 
Estudiaré cada legua,
cada lecho, cada cauce.
Triplicaré mis informes,
describiendo condiciones,
y método utilizado,
las variables que intervienen,
las condiciones, los cielos, 
las estrellas, sus bordes.
Y repetiré mil veces
mi frecuente experimento:
aprenderte, estudiarte, 
aunque ya te tengo dentro.
Mapas de tus mesetas,
croquis de tus remeros,
cartografía concreta
de cada porción de tu pecho.
Combinaré mis estudios, 
con tus muecas y tus cielos
describiendo cada nube, 
cada temporal y viento.
Me aclamará el mundo entero.
¡Cartógrafo de tus deseos!
Famoso por definirte, describirte.
aprenderte, transgredirte, amansarte.
Resistirte, besarte.
Y aún así, con tu tozudez hermosa,
con tus principios salvajes,
con tu humildad de diosa
de cada uno de los mares,
me negarás lo evidente.
Eres, sin lugar a dudas,
el gran azul infinito,
la mujer más hermosa,
y una muerte segura.
La criatura más bonita
que yo haya conocido
y científicamente estudiado.

La vida en un verso.

Te debo todo el amor
de una vida
en un beso;
cada sufrimiento inútil
en una caricia estéril;
la paciencia de un mundo
concentrada en un segundo;
un universo entero
en un pequeño lunar;
te debo la poca y la mucha
gana de luz y calor,
de frío y de cielo;
te cielo, como ella que dice
cómo sobrevivir al silencio,
te cielo y te pinto en blanco
sobre fondo gris y negro;
y un amor tardío
y descubrir un mundo
escondido en cada regla,
en cada hijo
en cada bulo
en cada manera de hablar
en cada fracaso rotundo.
Te debo saber palabras,
me obligas a inventarlas,
para hablar de sufrimiento.
Te debo entonces
como mañana debía
un verso lleno de olores,
de tempranas melodías,
de pasados inventados
y presente engendrados
de preguntas sin respuesta
de hambre
de valentía.
Te debo              pues                          la vida en un beso.