Saturday, February 13, 2016

Nudo

Nudo

Y sigo desenmarañando sentimientos. Los agarro con cuidado, por las pocas palabras que reconozco de ellos, y tiro. A veces, como ahora, con cuidado extremo, con acción de cirujano y cautela de madre primeriza.
Así puedo estar infinitos instantes, todos ellos distinguibles y bien separados, sin espacio alguno entre ellos. Así puedo estar infinitos instantes, hasta que la impaciencia rompe esos hilos invisibles, quebrándose momentáneamente el suelo y el cielo. Hasta la luz se quiebra. Hasta el frío se quiebra. Hasta el dolor de la palabra perdida se quiebra.
Otras veces no hay cuidado, ni cordura, siquiera en la intención de sanarme de una enfermedad que sé es terminal. Me quiero cuidar matándome, no viviéndome, y así comienzo el baile de odiarme y quererme, todo escrito en mayúsculas y esdrújulas. Éstas, agarro las palabras con fuerza y tiro, tiro con toda mi alma del sentimiento maldito. Y la maraña se estrecha y cierra, y el nudo se me complica hasta convertirse en un nido de gorrión tejido de pelo de cadáver, seco y sin olor. Y lo peor es esto: me quedo en esa confusión turbia, malnacida y malmuerta en el mismo instante. La vergüenza hace filosos los ángulos y las curvas de cada palabra asida. En el tirón, esta vez, la fibra no se salta, el hilo intacto retiene eso que hay dentro de mí, bien conectado, prisionero. Y toda la ira que se concentraba en mis huellas, presionando sin medida la palabra, canta mientras mis almas se ven desolladas, atravesadas en cortes, contestadas en sangre y castigo autoinfligido.
Son las dos formas que uso para matarme poco a poco los torcidos sentimientos que me gobiernan. A la espera quedo de recuperar la espada con la que deshacer este nudo maldito y seco, como lo haría de ser el hombre que me creo.
No quiero ser el zorro domesticado que, anhelante, espera al pequeño príncipe antes de ponerse el sol. Quiero ser el mismo Sol que el zorro tiene dentro de sí, y no esperar a ser ocaso para desaparecer del todo al poco. Quiero vivir en todo lo que amo, iluminándolo.

Desasosiego, Álvaro Hernando.