Wednesday, January 27, 2016

Kintsugi

Kintsugi

El oro busca las grietas
y las cubre, obsceno,
y las monta, el oro,
haciéndome
la cicatriz antigua.

Me penetra las derrotas
encuentra todos mis rotos
me busca              en la pérdida,
el barro cocido,
el hueco
y me lo cose a su ley.

El oro, locuaz,
la porcelana,
sucinta
se trenzan
casi en baile rasante
con la música
perfecta para un baile al vuelo
de boda
y la vida en veda.

Y se produce el prodigio
de pequeña derrota muerta
y la luz vuelve a los pasos
aún solitarios                   firmes.
Abrázalos todos,
resonados en abrazos, saltos, tacones,
construye de ellos
un recuerdo de belleza
y entiérralo por siempre
en incandescente agua.

Beber aire
masticar agua
respirar fuego
acariciar lo tenebroso
y elevarse
sobre quien eligió no SER
sin lágrima
ni odio en penumbra
ni amor agraz.

Hay quien suicida
se rompe
buscando en su libertad
ser vereda de oro amada,
por el desierto seco de loza mate,
y ser kintsugi
venerado
y expuesto a la soledad
de no volver a ser tocado.

Necedad, el deseo
de que alguien rellene con oro
nuestras grietas.

(Kintsugi, Álvaro Hernando)