Wednesday, April 6, 2016

Contador

Contador

Quiero ser contador.
Contaba cuentos, ahora sólo los cuento de vez en cuando.
Conté noticias, durante unos años. Algunas eran ciertas.
Cuento listos y listas. Numerosos. Prestigiosos. Mandan mucho. Nada cambia.
Ahora sé lo qué quiero contar. Enumero:
Quiero contar cadáveres de niños. Ahogados.
Quiero contar desaparecidos entre fronteras, niños y niñas.
Quiero contar balas disparadas desde Europa, contra esos salvajes refugiados que no cuentan.
Quiero contar el tiempo que queda hasta que nos extingamos como imperio.
Quiero contar las miradas que se apartan, las que apuntan al suelo, las que se desvían a la izquierda, dolidas, leyendo esto; las que se despistan antes de terminar la lectura de este conteo. Todas, las miradas, sobre todo las ciegas y las llenas de saña, impiedad y egoísmo.
Quiero contar los ahorcados en mi tierra, los que se van porque viven en un país que no acepta justicia, sino ley que pisa cabeza, que roba casa y que empuja por la barandilla. Quiero contar desahuciados y corruptos. Quiero contar incluso los que se pegan un tiro o se matan de pena.
Quiero contarlas a ellas, asesinadas por ellos.
Quiero ser contador.
Para que no se nos olvide, ni a mí, que soy uno; ni a ti, que conmigo hacemos dos. Los demás que se nos sumen. Contaré, con memoria de elefante, a todos los que no saben rebelarse.
Quiero ser contador, hasta de las veces que recuente, por no olvidarme de nadie.
Y a ti, que o no te importan cuántos van, o no quieres contarlos, te digo: recuerda, cuando te convenzas de que es mejor no saber ni cuánto, ni cómo, por qué, ni quién, ni dónde, te deseo que te cuentes uno, por la noche, ante un espejo y el día de tu muerte.
Quiero ser contador, me da igual que sea de cuentos, que de muertes.

Nos han hecho pensar

Nos han hecho pensar

Nos han hecho pensar
que somos lo que hacemos,
por lo que nos pagan
día a día
para comer el pan
o sucedáneo de pan
ese que no engorda ni mata
pero que tampoco alimenta.


Nos han hecho pensar
que ya no somos capaces de enamorarnos
si no entregamos la libertad,
si no regalamos el bastón de mando
si no nos enganchamos
a ése o a ésa
que nos va a poner por debajo,
con la rodilla en nuestra espalda,
indicándonos así
que el amor siempre es una relación vertical
curva y sin vuelta.

Nos han hecho pensar.

Nos han hecho pensar
que es imposible tender la mano y vivir;
que por la caridad entra la peste
y que por la peste uno queda apartado
reducido a lo que hace
o confinado en ese punto de contacto
en el que una rodilla le oprime a uno la espada.

Nos han hecho pensar
que no hay viaje más seguro
que el de la simple rutina
y que todos lo demás
son como plumas de colores            que no sirven
ni para volar, ni para abrigarse.

Nos han hecho pensar
que pensar ya no merece la pena
que decidir es algo que le corresponde a otro
y que en otra vida
o en otro momento, no hoy,
seremos algo.

Nos han hecho pensar
que no somos más que el vuelo
de un diente de león
que trata de escapar
de un pequeño torbellino de miedo y polvo.

Nos han hecho pensar
que el silencio es un derecho, valiente,
cuando la palabra es a veces
la única forma de belleza.

Nos han hecho pensar
que el que sufre, algo habrá hecho;
que el que miente te defiende
que el lobo toma cuidado del resto.
Nos han hecho pensar
que la balanza siempre debe estar inclinada
justo hacia nuestro lado opuesto.

Álvaro Hernando