Monday, June 29, 2015

La partida



La partida

No puede olvidar el Zierzo                                    (*)
por eso vuelve al regazo del Moncayo
a los otoños rojos, pardos y negros
de los inolvidables Monegros
ni al susurro rumoroso del Ebro
y al dulzor de los frutales
al Cariñena y su garnacha
con su cálida muchacha
a susurrarse de por vida.
¡Van a vivir
juntas sus manos!
Los deseos del presente
con presentes de repente
súbitos abrazos sinceros
la ternura en los besos lo primero;
La copa fría
verdades sin ropa
mañanas desnudas
inviernos atrapados tras la ventana
Dante volviendo del infierno
juntos de la mano
de toda culpa y condenas liberado
lágrimas de amor apasionada la sonrisa
cantada por su voz y su palabra

justo dada por su mano.



Retazos de canciones de Diego Escusol
(*) Cierzo. En el original, licencia.

La corrupción



La Corrupción

No hay ansiedad en ese cuello estrangulado por amor y sudor. Encastrada la gargantilla en el miserable pasado, nada salvo su primera piel queda del barro, la rata y el hambre. Su muslo aprisionado por el encaje elástico y la elegancia, todo bien encadenado, como el ancla que es, a la inocencia hedionda, marchita y empapada de salmuera. 
Tuvo un hijo. Lo dejó morir en el reflejo del espejo, mientras su infertilidad se daba un baño de vino, espuma y semen. 
No hay luto en ese cuello largo, besado, salado de restos de sudor prestado. Ni una mirada al abismo que es su conciencia. Mira su pelo, trenzado y sucio. No hay en ella entera desesperación ni pena, aún en la soledad que se le construye cada tarde. Está esperándonos, ante nuestro reflejo, para amamantarnos y darnos suero infectado, de sus preciosos pechos.
No hay prisa por llegarnos, su vientre siempre está lleno.

- La Corrupción (En Poemario III), Álvaro Hernando



Image: Midnight in Red, by Jeremy Mann (Oil on Panel)