Monday, July 24, 2017

Agua de sal

La mano sobre la piel. El mármol para el cincel. La soledad es lobezno.

Los pliegues no entienden de mapas, no se van.

Lo demás: noche y agua de sal.

Proceso de descomposición número 7

Proceso de descomposición número 7

Así son las aguas de sal, 
tan llenas de desierto y de luz 
que uno se olvida del barro 
y de que una vez pisó hierba.
Recordamos nuestra casa, 
a la orilla del mar vacío, 
envuelta en vientos de piedra, 
inmune al grito del tiempo.
Pero la piel de piedra se agrieta, 
la casa se sumerge en la arena, 
la sal corroe las ventanas, 
el agua nos bebe los miedos.
La sal del manantial nos llama, 
nos dice que nos amamanta, 
y, a cada sorbo que damos, 
en realidad nos deseca el alma. 
Pronto no quedará nada, 
ni noche, ni sal, ni agua, 
ni manantial de luz intensa, 
ni esperanza, ni mirada. 
No quedarán gotas sueltas, 
ni en la lluvia, ni entre letras, 
tampoco quedarán los miedos, 
consumidos por los nombres 
que se olvidan cuando llueve 
y uno recuerda en la cama, 
cuando se limpian recuerdos, 
cuando se derruyen casas, 
cuando se sabe uno muerto, 
diluido por la sal, 
depredado por el agua.  

Soledad

Soledad

- Bienvenida, soledad,
a este hogar de las mil habitaciones.
Me será difícil encontrarte.


- Te equivocas, esta es mi casa.
Y tú te empeñas en buscarme.

(Álvaro Hernando, en La Herida Eterna)


Más mentiras

Más mentiras:

He imaginado leer entre las gotas que escurren por tu piel.

Y que no me importa tu silencio, que nos leemos poemas.

Y que decidimos no tener memoria, ni esperanza, y bebemos arena de un reloj parado.

Seguir increente es pura belleza.

Que uno siempre acabe creyendo en los principios felices,

en la soledad de un átomo sin padres,

en la fidelidad y el pudor,

en el momento cero, antes del cual no existía el tiempo,

en hacerse hombre sin sufrir, ni yacer sin amar,

es la palabra angular sobre la que edificar una mentira.


Seguir esperanzado entre los huesos,

pensando que la muerte a veces se olvida, y nos deja conservar lo amado,

el recuerdo, el tacto entre las pieles, las palabras entre las gotas de lluvia, esas que llenan las tormentas de fantasmas y poemas, y todo lo demás que no importa y arde.

Y quema.


Mirar mi sombra como si fuese un comienzo, o una mano sobre el pecho como si de veras nos reconociéramos en la huella del eco del músculo enrollado.

Prometernos las traiciones en negocios cuadrados, vendiéndolas muy caro; trocarlas por placeres, entregarnos y entregarte.


Conocerte en tus sollozos, tus silencios, y aprenderte, sin claustrofóbicos paréntesis.


Así espero que toda mentira nos sobreviva, y compense esas verdades despiertas, ebrias de pureza, tatuadas entre los pechos de una mujer de otro hombre.

No es momento de comenzar a escribir certezas, ni verdades.