Monday, August 14, 2017

Varna

Si todo pudiera reducirse a un tálamo blanco,
en el que escribir con ceniza los días que se cuentan por destellos,
le regalaría al olvido el resto del tiempo, hueco de sensibilidad, seco. 

Si todo pudiera iluminarse con las luces de Varna sobre el mar, sábana sacudiendo al viento mil luciérnagas, atraillado corazón por túneles parásitos que nos habitan en lo oscuro, le daría una oportunidad al antibiótico, le aprestaría mano al clavo ardiendo, me apaciguaría en constante inmovilidad sobre mi silla inerte. 

Si, de alguna forma, todo torvo mensaje pudiera comprenderse como el canto de una cigarra que no supo amar el silencio, 
como golpe el del ventanal al viento, como tus pies fríos descalzos buscando salir del barro, entonces le daría tu boca a mis palabras para cerrarla luego. 

Hay tantos gritos en las palmas de tus manos, tanta sal de ese, tu mar, que oscila y dobla el tiempo, que no queda nada sosegado en el acto del amor, en el quedarse dentro. 

Es todo apremio y pausa en el triángulo encerrado entre tu voz y tu silencio.

Te miro y me comprendo. 

Monday, August 7, 2017

Venas

Venas

Puedo nombrarte el interior de mis venas como el estrecho conducto que une las dos campanas de vidrio de un reloj de arena. Puedo decirte que es un interior concentrado, el punto de fuga del agua y la sal en la clepsydra. Sin querer se me ha hecho el interior de las arterias una fuente de ceniza, un recorrido de aire seco lleno de un nombre que me observa, vacío de tiempo. 
No es no.
Supongo que eso que llaman pulso son las preguntas que retumban por las galerías que los nombres perdidos han ido agrandando.

Así son mis venas, inundadas de anhelo, de ausencia, animales, invocadas en la celebración para perderse entre tierra seca. 
No encuentra por mis venas la sangre el camino de vuelta. 

(Álvaro Hernando, en La Herida Eterna)


Tuesday, August 1, 2017

Yo solo

Yo solo


Sin reconocerlo,
me retuve en un reflejo.

Recorría mis tardías fantasias con la lengua,
las besaba y las retenía entre los dientes.

Absorbía los olores de mi sudor
acariciando la imagen de una mujer
que adoraba las mareas,
como yo le rezo a la luna.

Tiene que haber una conexión entre sus olas
y mis noches.

Si no, ¿qué placer tiene sentido en su ausencia?

Sin saber reconocerlo,
me atrapé en uno, suyo, un reflejo.


(Álvaro Hernando, en La Herida Eterna)