Saturday, July 29, 2017

Y al fin mientras.

Y al fin mientras. 

Y mientras, uno, dejándose caer de boca, suavemente, como pluma, por los surcos labrados entre tus costillas.

Es un lugar en que quedarse, encontrando palabras, contándolas en el tiempo hueco que va desfalleciendo entre tus respiraciones, carentes de respuesta.

Los limites bellos, las imágenes inventadas que decoran algo parecido a un dolor: saber cómo es la certeza y descubrirla enraizando entre lo que no se abraza.

Y mientras desdibujándose todos los animales puros que corren libres por nuestro interior, dejando los bosques y los mares hechos jaulas.

¿Qué sentido tiene algo lejos de esa boca tuya callada, que no entiendo si no es gritando dentro de mi boca: "más dentro, más fuego, más lento"?

Por eso, con pasos delicados, callados, trato de elaborar la ruta de una huida que tú rompas con la mirada, con tu lenguaje indescifrable, con un deseo callado, con un roce prometido y puro, como sólo la verdad temida fragua, hasta romper todas las sogas, las barreras, los silencios.

Y entonces, por fin mientras, dejarme mecer entre tus surcos, por tus lluvias, tus huidas de noche, tus pieles blancas, la promesa de tu sexo cantando suave que no quieres que me vaya.

Hay algo infernal en este instante presente. Creo que siempre va a preceder a tu ausencia, como cuando me masturbo y después duermo.


(Álvaro Hernando, en La Herida Eterna)