Monday, July 24, 2017

Proceso de descomposición número 7

Proceso de descomposición número 7

Así son las aguas de sal, 
tan llenas de desierto y de luz 
que uno se olvida del barro 
y de que una vez pisó hierba.
Recordamos nuestra casa, 
a la orilla del mar vacío, 
envuelta en vientos de piedra, 
inmune al grito del tiempo.
Pero la piel de piedra se agrieta, 
la casa se sumerge en la arena, 
la sal corroe las ventanas, 
el agua nos bebe los miedos.
La sal del manantial nos llama, 
nos dice que nos amamanta, 
y, a cada sorbo que damos, 
en realidad nos deseca el alma. 
Pronto no quedará nada, 
ni noche, ni sal, ni agua, 
ni manantial de luz intensa, 
ni esperanza, ni mirada. 
No quedarán gotas sueltas, 
ni en la lluvia, ni entre letras, 
tampoco quedarán los miedos, 
consumidos por los nombres 
que se olvidan cuando llueve 
y uno recuerda en la cama, 
cuando se limpian recuerdos, 
cuando se derruyen casas, 
cuando se sabe uno muerto, 
diluido por la sal, 
depredado por el agua.