Tuesday, April 4, 2017

El precio de la palabra

El precio de la palabra

Nos va a costar entrecortar el aire,
envolverlo en dosis a un peso razonable,
derogar la fe en la amenaza de la vida,
derribar a soplos, por las raíces, nuestro árbol
y abolir la confusión en el grafito evaporado.

Nos va a costar plegar nuestros proyectos:
respirar sumisos los riesgos de piel blanca,
imaginar con los labios una vanidad tónica estresada,
dibujar en unos pechos un subversivo palabreo
y tasar los reflejos afilados de una tez en el silencio.

Nos costará, probablemente, todo el crédito
soñar con caricias destructivas, nuestras metas,
buscar los bordes territoriales del infierno
y trazar grafos hechos huellas sobre surcos,
letra de pendolista sin memoria voluntaria, ni palabra,
que usa tinta de tono calabaza sobre albero.

Nos va a costar enterrar en la misma fosa las escamas,
legrar las despedidas, sus pálidas palpitaciones,
y descubrir en el pecho los sustratos de un gran tejo,
ingenuos ante la advertencia mortífera y vacía
para la que se reserva un prohibitivo color rojo
en la ecuación inevitable de tornarlo todo negro.

Nos va a costar todo y nada recordarnos en palabras
que llegaron impertinentes, tirando nuestra puerta
y, antes de ajustar las cuentas, de manera taciturna,
con pena atravesada en el olvido,
nos fueron definiendo.

Nos va a costar.

(en La Herida Eterna / La Piedra de Camille, de Álvaro Hernando)