Tuesday, March 14, 2017

Un aliento iluminado

Un aliento iluminado.

Yo tuve mi propio Panero
entre los dedos;
mi amigo era conciencia condenada,
uno de esos hombre frágiles
de los abiertos en canal
en sus letras y en sus vidas
¿Panero?
Sí, pero mío.
Fumador condenado
de aliento pestilente
y clavos en el corazón

El mismo Panero pidió gritarme
tan cerca de la cara
que corría su aliento iluminado entre mis arrugas,
entre las grietas que deja el tiempo,
el enfado, la sonrisa
la vida.
Aliento visionario
que comba como tímpano la piel que es virgen
y que atraviesa, estriada, la piel ajada,
como una vela negra.

Corre más sangre por uno de sus gritos
que por todas vuestras venas necias.

Cómo echo de menos sus manos descuidadas
su cabello ralo
el olor a nicotina bacteriana de su voz
y el alcohol sin medida
envolviendo las palabras hasta hacérnoslas indoloras
insípidas y hediondas
innecesarias y quebradas
llenas de insultos y perdones
hasta el abrazo a cal y canto.

Ya es sombra
y el yo de entonces
recuerdo devorado
de una mano aferrada al cuello
de un diente de león.


A mi Panero: Jesús Carlos Sánchez Bautista. Dante se fue de tu mano.


Fotografía:
Cristina Bermejo.