Friday, January 27, 2017

La mortaja

La mortaja

El momento del pudor nos sobrevive.

Al tocarme tus manos, las quemo
y hay espacio para la piel rusiente.
Al ceñirme tus brazos, los sepulto
y hay raíces que enhebran esta tierra.
Al latir tus labios, te escucho
y hay una metáfora en tu boca.
Al penetrar tus ojos la luz, los amarro
y hay una miel iluminada entre tus párpados.

Hay que tocar tu sombra,
hay que rasgar la niebla,
hay que palpar en lo profundo de la fosa
antes de quebrarse el canto de la esfera,
bordando ecos esdrújulos
en esa voz familiar
que nos habla de la muerte.

El pudor sigue vivo en las manos del forense.






Mi tía Petri ha muerto hace dos días. Con ella se va la ultima de su generación en la familia y desaparece por completo, salvo por mis hermanos y por mí mismo, toda la rama paterna. Es un día en el que se quiebran ramas y se fortalecen raíces.
Pensaba en lo poco que se cuidaba mi tía, en detalles relacionados con la feminidad esperada por una sociedad machista. Nunca se cuidó como una dama, ni vistió pantalones. Nunca tuvo pareja y jamás dejó de cuidar de sus hermanos desde un rol de madre en lugar de la madre. Tenía las manos endurecidas del trabajo en el campo y los dedos como sarmientos por la artrosis. Tenía un bigote, unos ojos marrones y una sonrisa cautivadores.
Era honesta.
Era creyente.
Era pudorosa.


Álvaro Hernando






Fotografía magnífica realizada por Santiago Ferreras Velilla. Santiago es un fotógrafo que no utiliza programas de tratamiento de la imagen. Juega con los elementos clásicos, como son la composición de la escena y el control de la iluminación. Muchas gracias por permitirme usar esta fotografía, Santiago.