Sunday, January 29, 2017

Adicciones

Adicciones

Al principio duele el aire
luego duele el agua
duele el sabor a saliva
y el calor de la piel de la madre

Duele el alimento
hasta corrompernos por dentro;
duele el pan con azúcar
y duele el jugar y el reír.

Duele el llanto en la pérdida
- por el llanto, no por la ausencia -
duelen los primeros pasos
y duelen los pasos de baile.

Duele la escuela, duele el maestro,
duele la monotonía de lluvia tras los cristales
- por su belleza, no por la lluvia -
el olor a encerado nos duele.

Duele la belleza, claro,
de aquella niña o de aquél niño,
por los latidos más profundos
por los besos deseados.

Duele el corazón acelerado,
la pelota adolescente, el pintalabios.
Duele el bajar a la calle.
El bocadillo con hambre, duele.

Duele el primer beso,
más que otros incluso.
Duele la mano sobre la mano, y el sueño,
claro que duele, y el coito.

Duele la boca, y duele cada parto,
duele el primer cachorro
y cada desvelo, y la boda, si es que
hay boda, o el estar entrelazados.

Duele el abrazo del hijo,
duele su marcha y su regreso,
duele aquel viaje, el nuevo horizonte,
duele la pérdida estéril y sucia.

Duele marcharse y venirse,
duelen las canas, amarse,
duelen los pasos cansados,
duelen los recuerdos .

Duele el perder a la madre.
El saberse madre en la pérdida,
duele, la vejez del padre.
Duele la vida, encontrarse.

Duele la adicción por la esencia,
por el día, la noche, la muerte,
y sin embargo aquí estoy:
buscándote.

Debo de ser un adicto al tiempo
un dependiente del verso
una palabra en la lengua,
debo de ser un dolor aparte.


(Álvaro Hernando, en La Herida Eterna)