Friday, November 25, 2016

Silencio

Silencio


Es un nudo en tu boca, el silencio:
crepita sin aire y se ahoga,
una palabra seca, que gime,
y hace ceniza en el cuello.

No escuchamos el vacío
tragamos el hueco
y el silencio sobrevive al tiempo,
como ciempiés rusiente
sin rebosadero, sin ser fuego ni humo,
y huye por la garganta incandescente
hacia donde no le vemos.

Y entonces habita en el pecho,
haciendo del cuerpo una palabra
y otra palabra, y otra.
Encorvadas palabras,
apocadas, musitadas
encogidas o estiradas,
palabras caminantes
palabras paradas,
susurradas desde el ahogo.

Con el silencio atado al cuello
el cuerpo grita, canta, recita,
gimotea, mientras salta,
de silencio en silencio.

Desafina, el silencio, trémulo.
La cuerda que atraviesa esa garganta,
la soga seca, anudada, rasposa
se hace nudo corredizo
para raspar un recuerdo.

Y entonces sólo queda ruido en nuestra callada soledad.

Y no hacer del silencio confesión callada,
ni condena,
ni perdón.

Hay un juez sordo a un silencio cansado,
fiscal y defensor del recuerdo y del olvido,
que condena y testifica por una culpa liberada a gritos
y cuenta una victoria cantada entre lamentos.

No es tiempo de lágrimas calladas para el silencio.
Que grite.
Que entre el próximo silencio perdido.
Que sigan cayendo las ramas sin ruido.


(Silencio, Álvaro Hernando, en La Herida Eterna)