Monday, November 28, 2016

Muchacho muerto



Muchacho muerto


Y cada día te espero, mostrándote el rostro de mis manos

cubiertas de vacío y de sarmientos grises;
secas, secas, secas
plenas de recuerdo de madre.

Hay dolor en mi pecho de loba

atravesado por los clavos que nacieron oxidados.
Puntas, agujas leyendo el surco de la vida, 
haciendo sonar el delicado y ronco disco de pizarra.

Son melodías de niño, canciones de cuna

himnos de joven que busca ser hombre, 
salvas, salvas, salvas,
ensordecedoras del silencio roto.

La soledad, cuando nos llegue, 

será porque quiera oír nuestra historia,
ver nuestra luz y alimentarse del fuego sagrado
que mi vientre liberó más allá de mi tiempo.

Triste luz, la que no quema, exenta de llama,

ni grita al corazón de las naciones en guerra,
sordas, sordas, sordas,
al dolor de la ausencia del abrazo.

El hijo ausente regresa cada noche al vientre de la madre.



(Álvaro Hernando, Muchacho muerto, en La Herida Eterna.)