Tuesday, December 16, 2014

El sueño del elefante.

El sueño del elefante.

Y es la noche, de tizón helado y horas vacías, lo que nos une en nuestro pequeño brillarle a quien no vemos. 
Estamos a la distancia de una trompa y sólo nos separa, lastrada, la rencorosa manera de dibujarnos en la memoria, de sabernos de memoria.
Es esa soledad malquerida la que nos hace piel de paquidermo, plagada de mapas, en arrugas de relieve dibujados.
Una barra, un cigarrillo. El alcohol en la saliva y en el recuerdo de esos tragos solitarios que liberaron de culpa la música que lejos de uno su inocencia baila.

Allí queda, a lo lejos, por nuestra esperanza tristemente iluminada, en esa negrura que ahora de adultez rodea nuestra vulgar existencia.
Pesado paquidermo pisando penosamente pereza purificada.
Un elefante que suspira mirando esa luz titilante en mitad del frío. Así es como siento nuestra cercanía. Hay conexión entre nuestros ojos y nuestras luces, pero entre medias, sólo queda vacía la mirada.
¿Cómo no pensarte, con esta memoria de elefante?

Álvaro Hernando