Monday, May 5, 2014

Poema III

Poema III

Ahora que no duele tanto,
ya no es fuego digerido,
vivo eterno en esos ojos
y en sus sombras el olvido. 
Ahora que no soy valiente,
ni deseo, ni respiro,
ser eterno en un vistazo
deslumbrado por su ocaso,
ingenuo y desnudo al raso,
permanezco en un latido.
Y me apago en la llaneza,
me someto a su belleza,
avanzando hacia la muerte,
que hipnotiza y embelesa,
te regalo mi simiente,
que germine en tu cabeza.
Y lo comparto contigo,
no es el fuego del castigo,
ni es cancela ni postigo,
simplemente es un regalo
de quien nunca ha respirado
por los vientos del vencido.
Y me pliego a lo imposible,
te susurro lo indecible
y me escondo en lo invisible;
elijo pardos los colores
que oculten nuestros amores
para no sentirte frágil.
Y el demonio se hace bueno,
el lobo besa al carnero,
la poesía al carnicero 
y yo sonrío por dentro,
mientras vamos de la mano
hacia el desconocernos.
Imposibles que nos pasan,
no hay tejado en esta casa
que arde desde los cimientos.
Inundándose de pena,
anegándose de arena,
sucio de cieno y de lodo,
se nos hunde nuestro bote
en este mar imposible
lleno de nada y de todo.
Es dejar pasar el tiempo,
aspirando los segundos
vomitándolos en siglos,
ser eterno en un vistazo,
ese que visten de sombras,
mientras duermo en tu regazo,
olvidándome en tus ojos 
parpadeos asesinos,
como clavos diminutos
que me atrapan en tus sueños
y me entierran en tus muros.
Ahora que no sé vivirme,
ahora que decido irme,
te regalo en esa sombra
que el olvido me ha enredado
mi postrera voluntad,
retomar tu libertad,
como todo mi legado.