Monday, December 24, 2012

Elegía libre a nadie (hace ya un año).

Elegía libre a nadie

Hay engaño en lo vivido.
Puede que fueras él o ella, pero mío. Mio él o mia ella siempre.
Para siempre. Incluso en la ausencia que me has regalado.

Vivo en negro por no estar.
Por no poder contarte cuentos inventados de versos apincelados sobre maderas duras y eternas.
Esas a las que el héroe o la heroína se aferran hasta llegar al mundo que cambian, conquistan y del que solo queda destilada para la historia la identidad del náufrago.

No sé, no sé si fueras él o ella.
Cada cosa vivida me ha recordado lo que te has perdido.
Qué engaño hay en lo vivido.

Engaño porque no es lo que no has visto, ni hecho... es lo que la vida se ha quedado por cambiar por no tenerte.
Te hubiera enseñado a no ser impaciente, como yo soy.
A esperar el momento de la lucha y de lo imposibe.

Te hubiera deseado que fueras suficientemente inteligente como para convertir tu valentía en paciencia.
Te hubiera deseado que supieras ser rebelde ante estos que piensan que el tiempo hace de justicia, poniendo a todo el mundo en su lugar, aquél en que le colocaron sus padres.
Yo te hubiera puesto en el lugar en el que todo es posible, más que en el lugar en el que gracias a la nada, nada cambia.

Te hubiera enseñado a reir y a distinguir el amor del humor, la lealtad de la fidelidad, la carga de la posibilidad.
Te hubiera enseñado a amarme, odiarme, verme y tenerme hasta perderme en los olvidos de mí mismo, como mi padre.
Te hubiera enseñado a desdeñar lo material y amar a posibilidad de alcanzarlo para luego regalarlo.

Te hubiera enseñado la belleza y la locura en una llama.
Te hubiera mostrado el camino para ser tú, y solo tú, y no otros u otras que ellos quieren que seamos, cuyo camino no conduce a nadie, salvo a perdernos en los otros y no encontrarnos jamás.
No sé por qué siento ira todavía.

Quizá no sea por lo que te has perdido, sino por lo que yo me perdí sin ti.
Por eso me sorprende tanto el que no te tenga cambiándome los días.
No es vacío hasta no haberlo llenado y hacerlo luego nada.

No has dejado el vacío en mí, yo te lo he regalado.
Al menos somos dos en esto de añorarte.
Allá donde estés o hayas ido, sigues siendo mío, o mía.

O mejor, sigo siendo tuyo.
Siento la ira de tu ausencia mientras otros no te tienen.
Ni que te tuvieran calmaría el desprecio que siento por quienes sacrifican sus recuerdos en la letanía de lo que debería ser.

Yo fui esto, nací aquello y de aquél.
Yo hago esto y quiero aquello.
Yo soy, además, lo que compro, porque yo me vendo.

Todo ello, repugnante retahíla contra la que te hubiera predicho y prevenido.
Al final hay engaño tanto en lo vivido, que me ha quitado el no vivirte,
como en lo no vivido, que me hace pensarte yo más allá de mí.