Friday, October 26, 2012

Vademécum del alma. Tratado práctico. Trato de practicarlo.

Hoy, desorientado como nunca, y la pena perdida en la incertidumbre del silencio, busco en el vademécum del alma la manera de amar en un día sin sol. Tengo el apetito voraz que siempre he sentido, pero no encuentro la espalda y el cuello que me dice he de buscar. Tras una noche en vela en la que busqué acurrucarme en un dulce oasis que se llama "ayer, hoy y mañana", me encontré nadando en la arena de una duna que me dice exactamente que mi lugar está por debajo de la perfecta medida del perfecto "you are perfect". Cien veces leeré, y mil, si es necesario, a Jorge Luis Borges, mientras domino mi mal genio y mi impaciencia cuando algo es y no veo lo que es, pero sé que amo con defectos... y amo sus defectos. Hoy el ancla, ese que me caza solo en sus silencios, me lastra a lo más oscuro del desesperado océano. Las escamas metálicas me rasgan por dentro, se mueven como vivas, consumiendo un oxígeno que emplean en enmohecer su esqueleto. Me faltan los veintes de enero y los veinticincos de septiembre. Dejé el paquete para el Ratón Pérez, con la tristeza bien envuelta, deseando encontrar en el trato un dulce libre de miedos, pero me encuentro que aún sin escribir el remitente me han devuelto la herida de un colmillo que rasga la inocencia. Con miedo he dejado pasar el día de sol, con la esperanza de que mañana no sea necesario mirar esta receta como último recurso. Ojalá me amen, me sueñen, me escriban cuentos... me sigan a besos... sembrándome. En marea alta de ansiedad fui a urgencias y no sólo no había poetólogo de guardia, sino que me han cobrado dos versos por dejarme salir sabiendo que sigo vivo. Aún así, Hierro, Gamoneda, Neruda, unidos, han traído noticias de ti, dándome esperanza de nuevo. Y de repente, cuando estoy peor, me encuentro con que ante la duda, me sobran los motivos, porque me lo ha dicho quien mejor me conoce, para seguir respirando a dos voces, ahorrarnos ficciones, reproches y nada, pintar de presente los sueños dormidos, hacer la sonrisa risa fuerte, retomar la fuerza con Vim Mertens de nuestro mundo inquebrantable... pero juntos. Por fin algo concreto, en esta moderna ancestral medicina, qué hacer al sentir dos mundos, uno lejos del otro. Debo dejarme llevar al pensamiento en ti, bañándome la cara con el viento que me calme. Es casi de día. O esperar, buscar la luna y entablar con ella el mismo dulce debate. Buscar allí besos visuales. Hoy, que dudo, te busco a mi lado. Pero siempre por prescripción médica: o vida o nada.